Ven, he hecho espacio para ti dentro de mí

Nuestro trabajo espiritual no consiste en adquirir conocimiento, como en este mundo, para reunir inteligencia y alcanzar el éxito con ella. No ascendemos a través de ésto; solo desarrollamos nuestras herramientas de percepción y ahí termina. Especialmente ahora, en nuestra época, cuando estamos alcanzando el resultado de todo nuestro desarrollo previo.

Los niveles inanimado, vegetativo y animal dentro de una persona han completado su desarrollo y ya no hay posibilidad de satisfacción egoísta. Esta es la principal característica de la crisis actual.

 

Ahora debemos cultivar nuestros propios deseos, no solo para recibir, también para otorgar. Es decir, lo inferior debe volverse dador como lo superior, ser semejante a lo Superior, volverse humano (Adam, de la palabra «Adame«, que significa «similar» a lo superior). Ahora el nivel humano comienza a desarrollarse en nosotros.

 

La equivalencia de forma con el Superior significa otorgamiento, que es de la misma cualidad que la suya. Pero ¿cómo puede el inferior lograr esto si no sabe cómo? No tiene ninguna posibilidad, porque el Superior se revela como una fuente de sabiduría, conocimiento, intelecto y sensaciones que colman al inferior. Pero no desarrolló los deseos del inferior en la nueva cualidad de otorgamiento en lugar de, o junto con, la recepció.

Para que esto sea posible, el Superior se oculta y le da al inferior una sensación de ocultamiento. Esto es exactamente lo que empezamos a sentir en nuestro mundo actual y esta sensación seguirá intensificando. Quien empieza a estudiar la Cabalá después de un tiempo empieza a sentir cierta oscuridad e incomodidad. Ya no lo atrae como antes, como si la fuente se hubiera cerrado y todo se hubiera vuelto insípido.

Al mismo tiempo, surge un sentimiento de impotencia, de falta de propósito, y la persona pierde las ganas de vivir y cae en el abatimiento, arrastrándose por la vida como un cuerpo sin vida. Pero esto no viene a aplastar a la persona, sino a darle la oportunidad de añadir por sí misma lo que el superior ha ocultado.

 

El Superior ocultó una pequeña parte de su otorgamiento. Esto se llama la ocultación del AJaP del Superior. Y es por eso que el inferior ya no siente que recibe luz del Superior. Antes, percibía cierta radiación del Superior y ahora ha desaparecido. Como resultado, se crea un vacío en la GE del inferior: falta de sensación, comprensión, conexión, propósito, estado de ánimo y confusión. No entiende nada, no oye nada y se mueve con dificultad.

 

Todo esto se hace para que el inferior llene lo que ya no recibe del Superior. El Superior restringe sus vasijas y el inferior debe, por así decirlo, entrar en este espacio que se ha abierto en el Superior. El Superior ha hecho espacio deliberadamente dentro de sí mismo para él y dice: «¡Ven a mí!».

Pero llegar al Superior significa elevarse al grado en que te conviertes en un otorgante y no en un receptor, trabajar en una forma opuesta a lo que hacías antes, llegar a ser como el Creador donde ya no importa lo que sientes en tus deseos egoístas, o cuánto conocimiento, impresiones, entendimiento o emociones recibes.

 

Otorgamiento significa dar completamente solo por el bien del otro. Y gracias a Dios, no faltan otros, siempre puedes otorgarles. El mundo entero, el grupo, el estudio, todo está ante ti.

 

Pero ahora mismo no puedes otorgar porque el Superior te ha quitado su luz. Así que, en ese lugar, añade tu propia luz de otorgamiento, la luz de la fe. ¿No sabes cómo? Entonces, pídele al Superior que te dé esta sensación de otorgamiento, la capacidad de otorgar, para que te ayude a superar tus sentimientos e intelecto previos, la sensación de recibir, comprender y avanzar hacia una meta en la vida.

 

¡Deja ir todo eso y supéralo! Nada de eso existe; era solo un mundo imaginario. Elévate hacia un nuevo estado, más allá de cualquier cálculo egoísta.

 

Este es el estado de nuestra elección. Y si una persona comprende y siente esto —y no una persona, sino el grupo—, entonces alcanzamos un deseo verdadero.

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