Érase una vez, las personas que deseaban alcanzar la espiritualidad tenían que someter sus cuerpos a restricciones y sufrimientos para romper su deseo egoísta y adquirir una nueva naturaleza otorgante. Así era en los tiempos de los patriarcas y los sabios de la Mishná.
Pero entonces llegó la era del Talmud, y sus sabios, los cabalistas de aquella época, a través de su trabajo espiritual, cambiaron la condición de transformar nuestra naturaleza de recibir a otorgar.
Cada período contribuyó con su parte corregida al sistema común de almas. Como resultado, el sistema se corrigió parcialmente, y todas las demás almas que lo integran, las que aún no han sido corregidas, pueden recibir ayuda de la parte corregida. Ya no necesitamos atormentar y limitar nuestro cuerpo, ni somos capaces de hacerlo con nuestro enorme egoísmo.
Pero los sabios del Talmud nos facilitaron el camino, y esa parte del deseo egoísta, que de otro modo habría que romper atormentando al cuerpo con una vida dura, ahora podemos corregirla mediante la Luz que reforma.