Pregunta:
¿Se considera que yo mismo elegí mi ritmo de avance en el pasado, o es que entonces no tuve elección?
Respuesta:
Tenías elección, pero no la ejerciste. En cuanto al ritmo de avance, eres libre. Debemos creer que, en el estado actual, nuestra percepción de cómo avanzamos y nuestra actitud hacia el Creador dependen de nuestros esfuerzos.
Si te esfuerzas, al final te relacionarás bien con todas estas cosas. Lo justificarás, alcanzarás el amor por Él; y si no, entonces pasarás por los mismos estados con un mal sentimiento.
Pregunta:
Por ejemplo, si en el pasado podía elegir dos direcciones: a la derecha o a la izquierda, entonces, incluso si cometí un error, ¿ha dispuesto el Creador a estas alturas que todo haya salido correctamente?
Respuesta:
En cuanto al pasado, no cometiste ningún error.
Pregunta:
¿Vale la pena recordar estados buenos anteriores para recibir refuerzo para el presente y el futuro?
Respuesta:
Sí. Eso es lo que estás haciendo. No importa si vale la pena o no, si está permitido o no. Eso es lo que hace la gente. Pero cuando una persona avanza un poco más, no quiere recibir refuerzo del pasado; siempre busca refuerzo en el Creador, al desconectarse del pasado.
A esto se le llama «Cada día será como nuevo ante tus ojos». Todo es nuevo. No quieres recibir apoyo de lo que fue antes. Quieres recibir apoyo de tu búsqueda de una conexión con el Creador cada vez. Sin embargo, si por el momento el cuerpo exige este tipo de refuerzo, eso también es normal. No se puede hacer nada; tales son las etapas del camino.
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¿Es posible librarse del deseo de recibir?
Comentario:
Yo sigo revelando el deseo de recibir, y esto no tiene fin.
Mi Respuesta:
Estamos de acuerdo contigo en que tu petición de librarte del deseo de recibir surge del fondo de tu corazón. Sufres y quieres deshacerte de ello. Sin embargo, hay varios factores que hay que tener en cuenta.
En primer lugar, aún no se te han revelado todos tus «crímenes». Todavía hay muchos «casos» en tu contra, cada uno de los cuales debe ser revelado y mostrado ante ti; entonces confesarás cada uno de ellos y, en consecuencia, se cerrará cada caso.
Además, al ver la profundidad de tu deseo de recibir, al ver hasta qué punto sigues siendo egoísta aunque antes pensaras que ya no era así, al mismo tiempo revelas que no pediste, de forma pura, librarte del deseo de recibir. Pediste librarte de él porque te hacía sentir mal, y no porque, dejando a un lado tus propios intereses, desearas deshacerte de esa cualidad.
Debes odiarlo porque va en contra del Creador, y esto se va revelando poco a poco, a medida que se pone de manifiesto el deseo. Cuanto mayor es la profundidad cuantitativa de tu ego en la que desciendes, más claramente ves que en absoluto pediste separarte del deseo de recibir como de una cualidad distinta y aislada, aparte del hecho de que te sientes mal por ello.
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El deseo que conduce a la meta
Pregunta:
Si una persona se siente inspirada por los libros y el grupo mientras estudia, ¿no es eso una forma de placer?
Respuesta:
Todo depende de la causa fundamental. Hay muchas personas que se acercan a este camino porque se sienten mal; buscan un lugar donde sentirse bien. En general, hay mil y una razones, pero, en última instancia, todo se reduce a la falta de un sentido del futuro, necesitan confianza, y la confianza es el resultado de alcanzar la fe.
Sí, es cierto que esto nos impulsa a actuar, y lo hacemos partiendo de la idea de que ahora nos sentimos mal y más adelante nos sentiremos bien. Pero la verdadera pregunta es: “¿Cambian mis valores a lo largo del camino? ¿Sigo teniendo el mismo deseo de sentirme bien en las mismas vasijas que antes? ¿O mejoran mis vasijas continuamente? ¿Empiezo a aspirar a algo que trasciende lo material? ¿Empiezo a acercarme al encanto de la santidad?”.
Si es así, ya no interpreto el “bien”, como lo hacía al principio, como el hecho de llenarme de diversos placeres corporales. Para nosotros, los “placeres animales” son, en esencia, el honor, el poder y el conocimiento. Empiezo a darme cuenta de que el poder y el conocimiento no me llevan a la meta, y siento lo vacíos que son en sí mismos.
Si este proceso se está produciendo, la persona está evolucionando. Si no es así, permanece igual que antes y acaba abandonando el grupo. Una persona que no cambia sus valores no puede quedarse aquí. Sentirá como si el grupo la estuviera expulsando, empujándola hacia fuera.
Y así continúa hasta que el único placer que me queda es alcanzar la conexión con el Creador. Todavía no lo conozco, no lo conozco con precisión, pero es como una especie de “locura”. Nadie lo ve, y yo tampoco, pero es algo que me atrae.
Esto es el resultado de la influencia de la Luz circundante que brilla desde lejos y despierta en mí un anhelo por ella, hasta que, en palabras de Yehudá Ashlag (Baal HaSulam), “no me deja dormir”. A esto se le llama persistencia, firmeza.

