Pregunta:
¿Cómo puedo estar rodeado de desconocidos en la vida cotidiana y mantener la intención de otorgar?
Respuesta:
Veo a la gente en la calle: uno está pensando en cómo escribir un libro; otro es un científico, pensando en qué experimento llevará a cabo, qué descubrirá; un tercero está enamorado, y se nota que está completamente absorto en este sentimiento y no ve nada más; un cuarto está terriblemente enojado, no te acerques a él, algo está sucediendo dentro de él.
Cada uno vive su propia vida interior, pero no me refiero a aquellos que deambulan por la calle como zombis, sino a aquellos que realmente viven. Viven su vida interior y esto no les impide funcionar externamente.
Por supuesto, es evidente que hay algo en una persona, alguna experiencia interior, algo que arde en su interior. Sin embargo, esas cosas también existen en nuestro mundo. Entonces, ¿qué tiene de especial nuestro trabajo? Quizás solo el concepto subyacente sea distinto.
Es cierto que es un poco más complejo, porque la idea en sí misma pertenece al mundo Superior, mientras que el cuerpo y sus funciones residen en el mundo inferior. Sin embargo, incluso la gente común experimenta tales incongruencias; como dice el refrán: «Su cuerpo está aquí, pero sus pensamientos están en otra parte».
Además, diría que en realidad es más fácil para ti que para alguien que está enamorado. Él pasa el día pensando en cuándo finalmente se encontrará con su amada esa noche, y el resto del día le parece un peso muerto. O piensa en alguien que está completamente agotado y solo piensa en cuándo terminará la jornada laboral para poder irse a casa a descansar o ver un partido de fútbol.
Mantener la intención de otorgar en la vida cotidiana y el entorno laboral
Pero para ti es diferente. A lo largo de tu camino, en todo el proceso por el que pasas durante el día, puedes percibir en él las vestiduras de la Shejiná; puedes observar cómo te relacionas con el Creador y cómo trabajas con Él a través de todas las vestiduras de este mundo para no perderte ni un solo sabor. De esta manera,
revelas deliberadamente todas las vestiduras del Creador en relación contigo mismo para relacionarte con Él de la forma correcta.
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Esto no es sencillo. Nos olvidamos de ello, y aun cuando no lo olvidamos, se transforma en un medio bastante eficaz de avance espiritual, en la mayor medida posible.
La forma más fácil y beneficiosa de practicar esto no es con personas, sino con objetos inanimados. Rabash siempre decía que lo mejor es trabajar como él lo hacía: como metalúrgico, zapatero o incluso como oficinista, aunque él se ocupaba específicamente de papeleo. En otras palabras, con algo inanimado.
Trabajar con plantas y animales también es manejable, pero cuando trabajas en el nivel del habla, con personas, eso es lo que realmente te confunde. Ellas ejercen una influencia sobre ti al transmitirte su estado interior, y esto sirve como una distracción para avanzar espiritualmente.
Por ejemplo, en mi caso, trabajo dos horas al día atendiendo a la gente, y eso es como trabajar diez horas en una fábrica. Pero trabajar en una cocina es un placer. Allí puedes imbuir tu trabajo con tus intenciones, tus pensamientos, tu actitud, y todo lo demás no importa. Pero cuando la gente viene y ocupa tu mente, te influye. Si algo no te influye (en un nivel inferior al del habla), eso es excelente. Por lo tanto, no veo la dificultad.
Por el contrario, lo mejor es un trabajo monótono y constante en el que no sea necesario invertir mucho la mente y el corazón, como el de un zapatero. Hoy en día, ese tipo de trabajo apenas existe. Todo tipo de trabajo exige cierto grado de esfuerzo emocional o mental. No obstante, es muy deseable dedicarse a una ocupación en la que uno permanezca imperturbable, donde el mundo interior siga siendo un dominio privado, y dentro de él, uno sea libre de vivir su propia vida interior.
Trabajar con seriedad desde el punto en el corazón
Para llevar esta intención al día a día, debemos comprender cómo opera nuestra naturaleza. La materia y la antimateria existen; son cosas que son completamente opuestas entre sí. Pero, ¿quién puede descubrir y evaluar esta oposición? Debe de haber algún punto de referencia, algo intermedio, algo opuesto.
Cuando una persona recibe un punto en el corazón, es decir, una cualidad del Creador, observa todas sus demás cualidades desde ese punto, su forma en general, y ve hasta qué punto son opuestas al Creador, entonces surge verdaderamente en su interior un sentimiento que se denomina «seriedad». Pero esta aún no es del todo la seriedad necesaria, porque la persona solo ve su propia oposición. ¿Y qué? Esto todavía no es suficiente.
Bueno, vale, soy lo contrario del Creador. Entonces uno podría decir: «¡Ve con el Maestro que me creó!». De esto se desprende que es posible encontrarse incluso en tal estado sin hacer nada, simplemente tomando el asunto a la ligera y sigue existiendo con el mismo espíritu.
La verdadera seriedad surge en una persona cuando esta llega a comprender el punto del corazón, y en la medida en que se le permite ver (aunque sea solo en pequeña medida por ahora) que todo aquello de lo que está compuesta en este momento es opuesto al Creador. Esto ni siquiera es aún «Ibur», el estado de un embrión.
De la humildad a la plegaria: fe por encima de la razón
Tras percibir la propia contrariedad, la persona debe alcanzar la humildad; un estado en el que uno se rebaja a sí mismo. ¿Qué significa esto? La humildad no consiste en que yo someta mis cualidades ante las del Creador, sino en que acepte el consejo de actuar «por fe, por encima de la razón» con todas mis cualidades.
La aceptación del trabajo «por encima de la razón» se denomina trabajo en seriedad. Es decir, no basta con reconocer las propias cualidades; también hay que activar el punto en el corazón en la Cabalá para relacionarse con ellas de manera correcta. Y de ahí se deduce naturalmente que el siguiente estado solo puede ser uno: la plegaria.
La verdadera seriedad ¿Es tu grupo la alegría y los adornos que te ha regalado el Creador?

