Por supuesto, sin duda alguna. Solo el descubrimiento de la maldad en una persona la impulsará a corregirse a sí misma, a darse cuenta de que «esta es mi naturaleza, y es mala».
Me gusta hablar con personas que son diferentes a mí, pero que son abiertas y sinceras. Esa es la verdad. La verdad está por encima de todo lo demás. Si pasamos por alto la verdad, ¿qué pasará? Nunca podremos lograr nada en nuestro mundo. Siempre nos limitaremos a medias verdades, insinuaciones vagas y evasivas. ¿Y entonces qué?
Sin la revelación del mal, ni siquiera sabrás ni comprenderás qué es el bien y cómo debería ser, ni cómo construirlo como lo contrario del mal.
Por ejemplo, imagina que miras una prenda de ropa y ves en ella algo malo, desconcertante, incorrecto, grosero o repulsivo. Entonces te das cuenta: ¡está del revés! Solo tienes que darle la vuelta para que se vea el lado correcto. Y así lo haces. El mal y el bien son las dos caras de una misma fuerza Superior.