Dentro de mí existe el ladrón, el mentiroso, el bueno, el justo, el sabio y el necio.

En cada uno de nosotros hay deseos de todos los niveles de desarrollo: inanimado, vegetal, animal y humano.

En el nivel humano, dentro de nosotros, hay deseos de toda la gente que vemos en nuestro mundo.

Pero, de hecho, no es el mundo, soy yo. Por eso, hay ladrones, mentirosos, buenos, justos, sabios y necios dentro de mí. Esto es todo yo.

Me parece que este vasto mundo existe, pero es solo la representación de mis deseos y cualidades internas. Se me representan en forma de imágenes inanimadas, vegetales, animales y humanas, en mis cuatro niveles de deseo.

Dependiendo de cómo veo el mundo, puedo entender que soy corrupto o estoy corregido, bueno o malo. Es decir, cuál de mis deseos debo corregir.

Si corrijo mi actitud hacia el mundo, me corrijo a mí mismo. Al ver el mundo fuera de mí, entiendo mucho mejor lo que es malo y egoísta dentro de mí y cómo lograr el bien y el otorgamiento hacia lo que me parece externo. Por el contrario, al corregirme, veo que el mundo mejora.

No hay mundo; simplemente me parece que existe, como en la pantalla del cine.

 

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