La rama desea, ama y codicia cada conducta de la raíz; y no tolera y odia cualquier conducta que no se encuentra en la raíz.
Esta es una ley inquebrantable, que aplica a cada rama y su raíz (Baal HaSulam, El Estudio de las Diez Sefirot, Parte 1, Observación interna, Capítulo 4, Punto 19).