Toda la sustancia que se atribuye al ser emanado es el deseo de recibir. Cualquier adición en él se atribuye al Emanador (Baal HaSulam, El Estudio de las Diez Sefirot, Observación Interna, Capítulo 10).
Todo lo que observamos, vemos y sentimos en este mundo se atribuye al Creador, excepto el deseo de recibir. El Creador no tiene deseo de recibir, pero Él lo controla.