El hecho es que con el Creador todo proviene del deseo de dar, y con nosotros todo proviene del deseo de recibir. Por lo tanto, está escrito que nuestros pensamientos no son Sus pensamientos, y nuestras acciones no son Sus acciones.
El hombre no tiene nada propio excepto el pequeño deseo egoísta primordial. Incluso si tratas de captar el pensamiento del Creador, este pensamiento también proviene de Él, a pesar de que lo consideres tuyo.