En el mundo material, espolvoreamos sal sobre la carne para evitar que se eche a perder. Después de todo, la sal es el único alimento que no se descompone.
Y en la espiritualidad, estamos hablando del deseo de que la conexión entre nosotros permanezca eterna. Por eso, el compromiso de proteger y fortalecer nuestras relaciones unos con otros a pesar de cualquier obstáculo se llama pacto de sal.