Ya sabemos que en lo espiritual no hay ausencia y que el traslado de un lugar a otro no significa ausentarse del primero y llegar al siguiente, como en la corporalidad. Más bien, se permanece en el primer lugar incluso después de haberse desplazado y llegado al siguiente, como si se encendiera una vela con otra, sin que la primera quede imperfecta (Baal HaSulam, Introducción a la ciencia de la Cabalá).