La raíz de todos los pecados es el deseo de recibir para recibir, que es lo que una persona recibe del Creador, es decir, de Su dominio, y lo deja todo en su propio dominio, lo que se llama «robo». Es decir, él extrae del dominio del Creador, y lleva los placeres del dominio del Creador al suyo. De esto se desprende que no es considerado como un ladrón sino como un asaltante, porque, aunque el Creador lo ve tomando, su deseo de recibir es tan fuerte que no puede resistirlo, por lo cual es considerado un asaltante y no un ladrón (Rabash. Artículo No. 20, 1986. ¿Debe uno pecar y ser culpable?).