La cuestión es que uno debe hacer todo su trabajo a modo de «Si yo no soy para mí, quién es para mí». Nadie lo puede salvar a uno, sino que «por tu boca» y por tu corazón debes hacerlo; es decir, un discernimiento de la recompensa y el castigo (Baal HaSulam, Shamati 217, «Si yo no soy para mí, ¿quién es para mí?»).