Pero en el futuro, cuando se dedique a lishmá, construirá para sí mismo, de modo que él mismo se beneficiará de su trabajo.
También debemos interpretar “Este mundo”. Cuando uno se dedica a la Torá y a la mitzvot para su propio beneficio, cuando el objetivo es recibir, no puede beneficiarse del edificio que se está construyendo.
Una hora de Torá y de oración es como un ladrillo sobre otro ladrillo. De esta manera se construye un gran edificio, de acuerdo con el valor del trabajo de uno en Torá y mitzvot (Rabash, Notas variadas, 285 “Una persona construye un edificio”).
Si queremos acercarnos al Creador, debemos conectarnos entre nosotros. Este acercamiento e incorporación mutua de la decena, forma un espacio determinado, la casa misma a la que entramos. Y descubrimos lo que el Creador revela.
Así es como funciona: construimos un lugar y el Creador lo llena. Se dice que yo construiré y viviré en esta casa, y no en otra. “Yo” se refiere a aquel que desea construir una casa, donde cada ladrillo es un deseo que combinó con otros deseos y creó una estructura común.
Colocar correctamente los ladrillos espirituales de lección significa que todos los amigos piensan en cómo acercarse al Creador, y participan en este proceso. La ayuda espiritual común de la decena es la construcción del templo y la plegaria conjunta.
Pregunta:
¿Cada casa es una estructura separada o parte de nuestro Templo común?
Respuesta:
Pueden construir el templo juntos; si no, lo construirá quien realice las acciones correctas.
Será de gran interés: Moviéndonos hacia una meta común

