Todos los que asistan a la convención deben entender por qué vienen y qué le pedirán al Creador. Vengo a la convención para estar en una conexión tal con otros que nos dé una fuerza común capaz de romper el muro entre nosotros y el Creador.
Por lo tanto, vengo a la convención para unirme a otros, dejarme influir por ellos e inspirarme por lo bien que pueden hacerlo, por cómo se las arreglan y por la fuerza y las oportunidades que aportan. Veo amigos que han viajado desde muy lejos, que tienen ganas, que comprenden que existe la posibilidad de salir del cascarón en el que estamos atrapados.
Baal HaSulam da el ejemplo de un gusano que vive en un rábano, alimentándose de su amargura, piensa que todo el mundo es así. Pero cuando asoma la cabeza, ve sol, luz y oye cantar a los pájaros: «¡Ah, qué mundo tan hermoso! ¿Dónde estaba yo antes?»
Esto es lo que necesitamos: romper la cáscara del rábano en la que estamos metidos porque, más allá de ella, no vemos nada. Venimos a la convención para absorber las impresiones y la inspiración de los demás y volvernos juntos hacia el Creador.