Estoy sentado en un grupo, y de repente todo el grupo empieza a hablar de un amigo que no está presente. Todos alaban sus acciones, hablando de lo increíble y serio que es. Me sorprende porque nunca pensé en él de esa manera y, de hecho, no le valoraba especialmente. Sin embargo, cuando oigo que otros le alaban tanto, se enciende un fuego en mi interior. Empiezo a sentir envidia y lo comparo conmigo mismo: «¿Cómo es posible? ¿Por qué él? ¿Y dónde estoy yo? ¿Podría estar ya en un grado superior al mío?». Esta envidia ardiente me da energía.
Debemos buscar conductas que enciendan este fuego interior, que despierten una envidia beneficiosa para la meta. No debe ser la envidia la que nos lleve a sabotear el camino de un amigo para que no destaque demasiado. Esa envidia solo nos perjudica. Sin envidia beneficiosa, no hay progreso, y la envidia conlleva una gran fuerza que hay que utilizar adecuadamente.