Durante 40 años, Dinamarca ha figurado entre los países más felices del mundo y también cría niños felices. Los daneses siguen un principio llamado Hygge, que significa «acogedor». Sin embargo, no solo lo aplican a sus hogares, sino también a sus relaciones con los demás.
Por ejemplo, dicen: «Cuando entras en un espacio hygge, dejas tu estrés y negatividad fuera del círculo familiar». Este es el principio clave, lo que significa que este es nuestro tiempo juntos, no solo mi tiempo contigo.
Supongamos que un padre llega a casa estresado del trabajo o de otro sitio. Antes de entrar, debería pararse junto a la puerta o sentarse en el coche durante 10 minutos para cambiar su estado de ánimo. Solo entonces deben entrar, con una sensación de hygge, un cálido confort interior.
Todos se reúnen en una habitación durante al menos un par de horas y cantan. Los daneses cantan mucho en familia: abuelos, padres e hijos juntos. Dicen que esto es lo que cría a niños felices.
¿Cree que esto podría aplicarse al resto del mundo? ¿Podría tal calidez y acogimiento crear un nuevo tipo de educación para la humanidad? ¿Podríamos adoptar esta práctica?