La sabiduría de la percepción

Pregunta:

El Creador crea un ser creado y lo desarrolla Él mismo, asegurándose de que desarrolle el deseo de alcanzar lo Superior y llegar a ser independiente. ¿Pero si todo esto viene del Creador?

Respuesta:

Puedes preguntar millones de preguntas, algunas nuevas llegarán dentro de ti. Las respuestas no te satisfacen porque la única respuesta real pueden estar en tus sentimientos.

 

Fuimos creados como seres sensibles y deseosos, y es este deseo el que debemos satisfacer. El intelecto por sí solo no basta. No podemos tranquilizarnos con argumentos lógicos. Por eso la Cábala no se ocupa de esto. En cambio, muestra a la persona cómo desarrollarse hasta alcanzar un nivel espiritual.

 

Por lo tanto debemos ir a través de todos los estados que se nos dan, y solo ahí es cuando entendemos cual es la verdad. El conocimiento de otras personas no nos aportará nada. 

 

Todo lo que estudiamos no es para saber, sino para cambiarnos a nosotros mismos, para crear nuevas sensaciones y posibilidades de percepción y solo eso.

 

La Cabalá es la sabiduría de la percepción “Cabalá” significa recepción, percepción.

 

¿Cómo podemos ganar fuerza para el trabajo desde un estado de impotencia?

 

¿Cómo podemos, quienes reconocemos nuestra falta de verdadero conocimiento, quienes nos sentimos impotentes e incapaces de extraer algo de lo que leemos, quienes vemos que la puerta a la espiritualidad se nos cierra, encontrar la fuerza para seguir adelante si esta tarea recae sobre nosotros y no sobre alguien más? ¿De dónde podemos sacar la fuerza para esta tarea?

 

Hay dos estados completamente diferentes que solemos asociar con uno solo. El primero es un estado en el que somos completamente insignificantes y bestiales, sin ninguna fuerza espiritual. No entendemos nada del mundo espiritual, ni siquiera de este mundo. No tenemos ni idea de qué nos sucederá a nosotros ni al mundo en el futuro. No tenemos idea de cómo se estructura y funciona todo. Cuanto más abrimos los ojos, más nos sentimos como un niño pequeño jugando con piedras en la orilla de un vasto océano, tal como Newton describió su trabajo científico.

 

Y este es un sentimiento correcto. Hasta cierto punto, esto es lo que significa percibir las inmensas fuerzas de la naturaleza. Esta es nuestra realidad. No podemos comprender este concepto con nuestras propias fuerzas.

 

Este estado descrito anteriormente es, en realidad, un trampolín hacia un estado activo. ¿Activo en qué sentido? En el sentido de que podemos exigir fuerza y pedir correcciones internas. El estado anterior pretende mostrarnos que, en nuestro nivel actual, esta es realmente nuestra realidad.

 

¿Cómo podemos ascender desde aquí? Olvidamos que carecemos de estas fuerzas. ¿Por qué el Creador hizo que a cada paso nos quedáramos estancados y nos diéramos cuenta de que no somos nada? Es para que, desde esta impotencia, recordemos que el Creador existe. Entonces nos volvemos hacia el Creador y Él lo dispone todo para que podamos avanzar, comprender, actuar, etc.

 

¿Por qué el Creador lo hizo así? Porque todo este proceso es un medio para conectarnos con él. Su propósito es que nos entreguemos, que sintamos necesidad del Creador y, a través de esta necesidad, adquiramos sus atributos.

 

En última instancia, el Creador quiere que seamos eternos y perfectos como Él.

Cada vez, el Creador nos muestra debilidad, impotencia, desesperación, ignorancia y falta de comprensión de la realidad —justo lo contrario de Su estado— para que deseemos recurrir a Él y recibir lo contrario de lo que sentimos. «Lo contrario de lo que sentimos» significa recibir algo del Creador, Sus cualidades y Su nivel.

 

Así, mediante el contraste, alcanzamos cada vez un estado más completo. Cuanto más nos sumergimos en la sensación de lo malo, mayor es el bien que podemos alcanzar en contraste.

 

Así se construyen todos los niveles espirituales.

El espejo en el que solo me reflejo yo

 

Pregunta:

Hoy en día vivimos en una época en la que una persona deja de sentir a los demás. Sociólogos y estudiosos escriben sobre ello. No veo al otro, no quiero ver, no quiero sentir. ¿Qué clase de época es ésta?

Respuesta:

Si no siento al otro, verdaderamente al otro, fuera de mí, no me siento dentro de él, entonces no siento el mundo en absoluto.

Pregunta:

Entonces, ¿Debo verme siempre a través de otra persona?

Respuesta:

A través de otra persona, sí.

Pregunta:

Y el hecho de que ahora nos veamos tan feos, ¿A qué se debe?

Respuesta:

Porque nos encerramos en nosotros mismos, nos limitamos y no queremos ver a nadie más que a nosotros mismos. Ese es mi mundo.

Pregunta:

Entonces, si no dejo entrar a nadie y yo mismo no entro en ningún sitio, ¿Soy feo? ¿Es ése mi mundo, egoísta: aquí estoy yo, solo?

Respuesta:

Me veo a mí mismo.

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