El propósito de la creación es para todas las almas, individualmente y en conjunto. Sin embargo, es imposible que todos alcancen esta meta colectivamente, ya que en algunas personas la condición de Arvut (Garantía mutua) no puede despertarse de inmediato; solo puede emerger tras el trabajo previo realizado por otras almas.
Lectura ¿Cómo encontrar nuestra alma?
Baal HaSulam escribe que los antepasados no necesitaban la condición de Arvut porque sus almas eran sutiles, debido a su exaltación y pureza, ya estaban en Dvekut (Adhesión) con el Creador sin realizar acciones prácticas, es decir, sin llevar a cabo correcciones preliminares ni cumplir mandamientos.
Ellos no necesitaban alcanzar la condición de “haremos y escucharemos” porque en virtud de su sutileza, sus almas estaban originalmente listas para existir en garantía mutua sin hacer los esfuerzos que se requieren de nosotros con nuestro Aviut burdo.
Debido a su pureza, las almas sutiles reciben la Torá y la garantía mutua se realiza en ellas. Esto lleva al cumplimiento de la condición de «amar al prójimo como a uno mismo».
Entonces, la luz de la Torá se arropa en ellas y moran en adhesión con el Creador.
Tras el logro de esto por parte de nuestros antepasados, el mérito de los padres se manifestó en los hijos. En otras palabras, las almas que ahora son capaces de unir las almas sutiles con su Aviut más burdo utilizan estas almas puras mediante la conexión y la inclusión mutua.
Por lo tanto, la ley de garantía mutua también se cumple para ellos, pero después de realizar ciertas obras y acciones previas. ¿Cuáles son estas acciones? Todo lo que pueda llevarlos a la condición de garantía mutua.
Y una vez que logran esto, merecen recibir la Torá, es decir, la luz, el sistema de corrección de su Aviut con el propósito de alcanzar el principio “amar a tu prójimo como a ti mismo” cuando el Creador ya more en su Kli (vasija) común.
Para recibir la Torá, basta con cumplir la condición de «haremos y escucharemos», es decir, el acuerdo de que el poder de la garantía mutua debe existir para que deseemos cumplirla, para que esta capacidad venga de Arriba. Y al recibir el poder de la Torá, comenzamos a ponerla en práctica, y entonces nos convertimos en «un solo hombre con un solo corazón» un solo Kli (vasija). Merecemos recibir la Torá y luego debemos cumplirla, es decir, comenzar las correcciones.
La diferencia cualitativa entre Abraham y su padre
En las generaciones de Adam a Noé y de Noé en adelante, tanto en el pueblo de Israel como entre las naciones del mundo, el Aviut (el grosor del deseo) era aún muy pequeño.
Abraham es único en su generación en que se reveló en él un anhelo por el Creador a pesar de que su padre Teraj era adorador de ídolos y se dedicaba a Avoda Zara (trabajo ajeno), lo que significa que creía que hay muchas fuerzas en el mundo además del Creador que actúan cada una independientemente.
Si una persona «ve» que todas estas fuerzas la gobiernan para bien o para mal, se dirige a cada una de ellas. No considera que detrás de ellas hay otra fuerza, una que las une a todas, que posee el pensamiento, que tiene un programa y un objetivo para la humanidad, y que utiliza a todas estas fuerzas como meros mensajeros suyos, mensajeros que no tienen programa propio, ni libre albedrío, ni relación particular con una persona. No cree que todo esté gobernado por una sola fuerza.
Ésta es, en esencia, la diferencia cualitativa entre Abraham y su padre. El planteamiento de que hay que creer que existe una fuerza única y buscarla sustituye a la visión anterior de la naturaleza como un conjunto de muchas fuerzas. Se trata de un esfuerzo y una distinción cualitativos que requieren una purificación especial del «cuerpo», es decir, del deseo de recibir.
Abraham enseñó esto a sus seguidores; enseñó que detrás de todas las fuerzas hay un solo pensamiento, un solo deseo. Ninguna de las fuerzas individuales contiene el bien o el mal; detrás de ellas hay un pensamiento que es bueno y benévolo tanto para el malvado como para el justo, que conduce a la persona hacia la meta.
El bien y el mal, aunque percibidos de forma diferente por nosotros, sirven a un mismo propósito. Debemos comprender el plan del Creador y aceptarlo, relacionarnos con él de forma racional, correcta, y desarrollarnos en consecuencia.
El Creador exige que participemos en nuestro desarrollo desde nuestro propio deseo independiente. Esta es la única manera en que podemos ser verdaderamente independientes; es fortaleciéndonos en el camino del desarrollo, es decir, aceptando Su programa y realizándolo.
En esencia, nadie en la generación de Abraham, excepto Abraham mismo, comprendió esta idea. La gente todavía no tenía una base preparada dentro de sus almas para revelar la verdadera imagen de la realidad. Abraham, sin embargo, llegó a esto a través de la purificación, es decir, una cualidad especial en el alma.
La purificación del alma Ropa limpia, para un alma limpia
Exilio interno
Los hijos del pueblo de Israel que salieron de Egipto continúan su corrección durante la travesía de cuarenta años por el desierto con la ayuda de la Torá que recibieron, entran en la tierra de Israel y alcanzan el nivel llamado Primer Templo.
Después de eso, deben mezclarse con un Aviut (grosor) aún mayor que aumenta tanto dentro de ellos como entre las naciones del mundo. Esto pertenece, por supuesto, al sistema de las almas, pero es evidente por la historia que los procesos correspondientes ocurren también en los cuerpos físicos.
Como resultado, cada persona de Israel siente una adición de Aviut, y entonces se produce lo que se llama un exilio interior, cuando ya no son capaces de permanecer en el grado de adhesión con el Creador que habían alcanzado.
Ahora son capaces de menos; nuevos deseos se fortalecen en su interior. Esto significa que una persona entra en conexión con las naciones del mundo dentro de sí misma y, de acuerdo con ello, se desarrollan procesos externos que conducen a la destrucción.
Destrucción significa que nos desconectamos mentalmente de esa percepción de la vida en la que estamos unidos con una fuerza, con un pensamiento, y empezamos a caer en la multitud de deseos.
Abraham hoy
Una persona que avanza en la corrección comienza a reconocer fuerzas dentro de sí misma a las que puede llamar conscientemente “Abraham”, “Moisés”, “el pueblo de Israel” y “las naciones del mundo”, incluso antes de alcanzar la verdadera revelación.
De alguna manera, una persona los distingue y de repente ve que esto, con toda probabilidad, es esa misma aspiración, ese deseo, llamado «Abraham». Abraham probablemente se identificaba por completo con esto, ya que otros deseos aún no se habían revelado en él.
¿Qué es “Abraham” hoy en día? Es la capa más elevada dentro de todas las almas, el deseo más puro de recibir, que está listo para adherirse al Creador, pero solo si está separado de todos los demás deseos.
En el pasado, efectivamente estaba separado, porque los otros deseos, más burdos, aún no se habían revelado.

