En primer lugar, hay un gran amor por la persona que pregunta sinceramente y quiere crecer. No entiende y vuelve a preguntar. Sigue sin entender y vuelve a preguntar.
A otros les puede parecer que se repite la misma pregunta. Pero no es así. Cada uno de ustedes puede hacer la misma pregunta y, sin embargo, despiertan en mí deseos completamente distintos, diferentes carencias de alcance.
Si estoy solo, no tengo nada que decir. Necesito absolutamente un público y una pregunta que venga de la gente. Vengo a una conferencia, siento al público y, en ese momento, sé qué decir.
A veces subo al escenario ante miles de personas y hasta el último minuto es como si estuviera en la niebla y no supiera lo que voy a decir. Puedo hojear libros de antemano, planear temas para la conferencia, pero nunca puedo decir de antemano de qué voy a empezar a hablar.
Entonces, de repente, se produce el contacto con el público, y ya está, he captado su necesidad, su deseo, y trabajo con ese deseo.
Así que cuando miles de personas me hacen la misma pregunta, cada una está impulsada por un deseo diferente. Percibo el deseo de uno, y de otro, y de un tercero, siento que viene de un lugar diferente, y por eso no me irrita. Porque cada vez es como si me surgiera una nueva pregunta.