¿Cuándo se bendice el estudio?

La Torá contiene luz porque el Creador se viste con ella. De esta Luz general, podemos recibir una cierta porción en el deseo de otorgar, es decir, en el Kli (vasija) de la fe. También hay una vestimenta externa llamada sabiduría, y la vasija para alcanzarla es el intelecto humano.

 

Por lo tanto, para alcanzar la Torá, una persona debe adquirir un Kli (una vasija espiritual). Pero si uno estudia la Torá sin la intención de atraer la luz que reforma y en la que se contiene toda la fuerza de la Torá (el propósito mismo por el que fue dada), entonces ese estudio no es bendecido. Esto se debe a que la naturaleza de la Luz que proviene del Creador es devolvernos a la fuente.

 

La Torá se llama la Torá de la vida. Esto significa que debemos sentir la vida en la Luz que revelamos. La vida es lo que se alcanza en el grado del Creador en los deseos de otorgamiento. Y esto solo es posible trabajando con la intención de atraer la fuerza de la Torá que servirá como combustible para adquirir el Kli de otorgamiento.

 

Existe el Creador y el ser creado, y la manifestación del Creador al ser creado se llama Luz. La revelación de la Luz tiene varias formas. La manifestación más externa del Creador al ser creado es la vida corporal. Una manifestación más interna es la sabiduría; aún más interna es la Luz que reforma, y aún más interna es la Luz que llena el Kli espiritual que ha regresado a la fuente.

 

Una persona que comienza el camino espiritual debe primero “bendecir la Torá” con la intención de alcanzar la verdadera Torá, es decir, su Luz más íntima. Si uno no se esfuerza por revelar la Luz interna, sino que solo estudia la parte externa de la Torá con el fin de adquirir conocimiento, esa persona es considerada entre las naciones del mundo. Después de todo, uno desea realizar el trabajo del Creador con la intención de hacerlo para sí mismo y; por lo tanto, recibe de la Torá, de esta Luz, solo conocimiento y sabiduría.

 

Pero si uno tiene la intención de alcanzar la equivalencia de forma con el Creador, tal persona se llama Israel y, en consecuencia, primero exige la corrección de su intención hacia el otorgamiento de la Luz. Después de la corrección, uno desea realizar acciones para otorgar, es decir, recibir la Luz con el fin de otorgar por medio de una pantalla y la Luz retornante dentro del Kli de la fe.

 

La Luz que se revela en el Kli de la fe se llama la luz de Jojmá (la Luz de la sabiduría). Pero esto ya no es sabiduría externa recibida en deseos egoístas; más bien, es la Luz de la sabiduría, es decir, la revelación del gobierno del Creador sobre una persona.

 

Exalta la idea del otorgamiento

 

Pregunta:

Cuando levanto el ánimo de un amigo, ¿no estoy añadiendo satisfacción a su deseo de recibir? ¿Y debe él entonces devolverme de alguna manera este trabajo?

Respuesta:

La cuestión es que todo depende de cómo vistes tus palabras en este momento, de tu intención cuando elogias a un amigo. No lo estoy exaltando personalmente. Estoy exaltando la idea de otorgamiento mutuo que existe en nuestro grupo. Al hacerlo, educo a todo el grupo y a mí mismo sobre lo especial y espiritual que es el acto de otorgamiento.

 

Con la intención de halagar a un amigo, al darle las gracias delante del grupo, debo evocar una cierta actitud hacia el acto de otorgar, no hacia él personalmente. Esto debería elevarnos a todos al nivel de apreciar la importancia de otorgar.

 

Discierne     Comenzar a vivir en intención

 

Este es un problema que podemos observar en nuestra vida cotidiana. Yo puedo darte algo y tú lo aceptarás con amor porque te hace sentir bien. Pero puedo darte el mismo regalo de tal forma o con tal actitud que querrás deshacerte de él a toda costa. Te sentirás muy mal; en otras palabras, puedo evocar todo tipo de sensaciones en ti por el mero hecho de darte algo.

 

Debemos revestir los elogios a un amigo con la intención de que no estoy elevando al amigo, sino al Creador que nos ha dado la fuerza para actuar. Porque si no hubieras recibido estas fuerzas del Creador, no podrías hacer ni siquiera algo insignificante que sea bueno para mí.

 

Resulta que, por el bien de las buenas relaciones entre nosotros, no recurrimos los unos a los otros, sino a la fuerza Superior que nos da la capacidad de hacerlo.

 

En primer lugar, el combustible, la intención que hay en cada uno de nosotros dirigida hacia el otorgamiento, solo puede ser dado desde arriba si somos dignos de Él. Con ello glorificamos a la fuerza Superior, no a nosotros mismos.

 

En segundo lugar, se organiza de tal manera que, por mucho que elogies a alguien del grupo, no podemos sentirnos orgullosos de ello, porque el ambiente general es tal que esto simplemente no puede suceder. Estamos ocupados con el avance, no con mirarnos unos a otros.

 

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