Un cabalista que alcanza el sentimiento del sufrimiento de la Shejiná adquiere vasijas a través de ello. Él ya sabe lo que está en su poder hacer.
Digamos que, antes, ni siquiera me fijaba en ti; para mí, no eras más que uno entre miles. Y, de repente, empiezo a interesarme por ti, dirijo mi atención hacia ti: «Esta persona es especial, hay algo en ella. Quizá debería ayudarla de alguna manera. ¿Qué tipo de ayuda puedo ofrecerle?».
De repente, me doy cuenta de que quieres algo, de que sufres, de que tienes una necesidad. Me alegro de haberlo descubierto. Ahora puedo acercarme a ti y decirte: «Mira, quiero darte lo que deseas». Y entonces te alegrarás. Y esto significa que, en lugar del sufrimiento de la Shejiná, sentiré la alegría de la Shejiná.
Hay varias etapas en este proceso: en primer lugar, debo mostrar que estoy dispuesto a recibir correcciones y a dar desinteresadamente. Lo hago, y entonces es como si le pidiera al Superior: «Dame la oportunidad de otorgarte a Ti».
Y entonces el Superior me revela su carencia (un deseo no cumplido) en la medida en que yo soy capaz de cumplirlo. Tomo estas vasijas y trabajo con ellas.
Pero si lo Superior revelara una carencia que aún no soy capaz de cumplir, no me aportaría nada; al contrario, me llevaría a un descenso.