Mandamiento sin intención y los esfuerzos en la espiritualidad

Pregunta

Se dice que incluso un mandamiento sin intención se llama mandamiento del Creador. Sin embargo, estudiamos que un mandamiento sin intención es como un cuerpo sin alma. ¿Cómo se pueden conciliar estas dos ideas?

Respuesta:

Cuando los cabalistas escriben sobre mandamientos sin intención no se refieren a la gente común. Si le preguntas a un niño que aprendió a los 13 años a ponerse el tefilín, por qué lo hace, te responderá: «Así es como me lo enseñaron». Otro, un poco más sabio, responderá: «Es la voluntad del Creador, y por eso lo hago». Un tercero dirá: «Quiero obtener algo bueno para mí a través de esto». Hay muchas razones diferentes.

 

Los cabalistas que escribieron los libros nunca se refirieron a las acciones físicas de nuestros cuerpos. Cuando dicen que una persona realiza una acción sin intención, significa que estoy haciendo todo lo posible, pero aún no tengo la intención de otorgar. Quizás estoy tratando de actuar con el fin de otorgar, quizás aún no lo entiendo, pero ya estoy comprometido con esto e invirtiendo algo de esfuerzo.

En nuestra comunidad, hay muchas personas que no saben qué es la intención de otorgar, ni siquiera qué es la espiritualidad; sin embargo, hicieron un esfuerzo y vinieron a las tres de la mañana a estudiar. No creo que muchos de ellos entiendan claramente por qué están aquí, que analicen su intención, la aclaren y ahora están implementando esa intención.

 

No, para muchos, esto sigue siendo un estado inicial. Pero están haciendo esfuerzos internos, realizando diversas acciones, como está escrito: “Haz todo lo que esté en tu poder y capacidad”, hacen diferentes intentos para alcanzar algo a lo que están siendo empujados desde arriba. Esto se llama acciones sin intención.

 

Es decir, los cabalistas no se refieren a personas a las que se les enseñó a observar mecánicamente los mandamientos y; por lo tanto, lo hacen. Se refieren a aquellos que se sientan aquí con el deseo de alcanzar la intención correcta, pero en quienes aún no se ha revelado.

 

Este es un período de transición en el que una persona comienza gradualmente a ver varios estados y qué hacer con ellos.

 

De una semilla seca a un árbol frutal

 

Una persona pasa por varias etapas en su desarrollo espiritual. Al principio es como algo sin vida; se une a un grupo que comienza a influir en ella y a desarrollarla,  pero aún no es capaz de actuar de forma independiente y no entiende dónde se encuentra realmente.

 

Pasan varios años así, hasta que se dan cuenta de que hay trabajo por hacer y que deben actuar de forma activa, aclarando constantemente en qué dirección miran. A partir de ese momento, dejan de ser inanimados y se convierten en una planta. Comienzan a crecer por sí mismos, a través del autocuidado, gracias a la conexión con los demás, siguiendo los consejos del maestro y prestando atención al camino.

 

Intentan por sí mismos ponerse bajo la influencia del entorno, ya que se han dado cuenta de que este grupo no es simplemente una reunión de personas, sino que posee una fuerza interior especial que es necesaria para su desarrollo. Así, se convierten en una «planta» y comienzan a extraer fuerzas del grupo, como del suelo, para integrarse aún más fuertemente con él. Entienden que los frutos aparecen en un árbol maduro y que el árbol solo crece si la persona se integra en el grupo.

 

Y a medida que crecen, desean recibir los frutos, que son la conexión, el amor, el otorgamiento mutuo y la revelación de la fuerza común del otorgamiento en la que se revela el Creador. Todo esto sigue estando en el nivel vegetativo.

 

Pero también existe el nivel animado, cuando ya son capaces de gobernar y asumir parte de la responsabilidad de la conexión entre todos. Ya no se trata de un «árbol» arraigado en un lugar y pasivo con respecto a la persona que lo cuida.

 

El grado humano dentro de una persona es el que cuida del árbol. Sin embargo, el grado animado dentro de una persona ya no es solo un árbol, sino uno que se esfuerza por crecer y trata de participar activamente en todo el sistema. Una persona ve los defectos comunes y trata de corregirlos. No solo ve cómo corregirse a sí misma e integrarse pasivamente en el sistema, sino también cómo ayudar a los demás, a través de lo cual se incluye en las conexiones y correcciones generales. Esto puede atribuirse al grado animado.

Y luego está el grado humano, cuando, según sus acciones, ya se adhiere al Creador. Resulta que la base de todo nuestro desarrollo es el cuidado del «árbol».

Para empezar, esto basta para dividir la vida en lo material y lo espiritual. Al mundo material se le debe dar lo necesario, ni más ni menos. Y al trabajo espiritual, todo lo demás, sin limitación alguna.

El asombro como fundamento de todas nuestras acciones

 

Debemos desarrollar el asombro como fundamento de todas nuestras acciones, partiendo del estado de lo animado, con un asombro animado. «¿Cuál es el significado de nuestra vida?» es una pregunta propia de la naturaleza animada; incluso un animal se la plantea cuando sufre.

 

Incluso un pequeño insecto que busca alimento experimenta sufrimiento. Todo lo que no está plenamente realizado y no ha llegado al final de su proceso de corrección sufre. Todo deseo sufre, sea cual sea su naturaleza: inanimado, vegetal, animal o humano. Un deseo capaz de desarrollar en su interior una actitud de asombro y, posteriormente, de amor, se denomina humano.

 

Por lo tanto, no debemos avergonzarnos de empezar con un asombro sencillo. Fíjate cómo el Creador nos corrige: nos envía enemigos, personas que nos odian, la muerte, la enfermedad y otros sufrimientos hasta que empezamos a preguntarnos: «¿Cuál es el significado de nuestra vida?». Se trata, en verdad, de una pregunta sencilla, primitiva y casi animal, pero es precisamente a partir de ella de dónde comenzamos.

 

Una persona empieza a preguntarse: «¿Por qué sufro?». ¿Qué podría ser más sencillo que eso? Lo mismo ocurre con el asombro: asombro por mi estado, por mi vida, por la plenitud, por la seguridad, por todo.

 

Pero empezar a trabajar con este asombro, transformarlo en su forma más elevada, el amor, es tarea del ser humano. De lo contrario, uno se verá sumido en estados tales que… El asombro obliga.

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