Observamos en nuestro interior una tendencia constante a intentar introducir la Torá en el deseo de recibir. Queremos lograr algo, obtener algo aparentemente algo espiritual y tratamos de hacerlo, de una forma u otra, a través de la recepción.
Dado que nuestro «punto en el corazón» aún está bajo el control del «corazón de piedra» (Lev HaEven) egoísta, no comprendemos que la espiritualidad y el deseo de recibir son cosas opuestas. Incluso cuando el punto en el corazón resplandece y nos muestra aspectos positivos de la espiritualidad ajenos a nuestro corazón, seguimos sin percibir que, en realidad, esa bondad es opuesta a nuestro corazón; simplemente queremos obtenerla como solemos hacer habitualmente.
¿Por qué sientes pesadez en el camino espiritual?
Desconocemos la restricción (Tzimtzum) y carecemos de percepción sobre la ley de equivalencia de forma; por ello, experimentamos pesadez al esforzarnos por conseguir lo que deseamos. Queremos alcanzar la espiritualidad dentro del deseo de recibir. De ahí proviene esa pesadez. Si comprendiéramos que la base debe ser el deseo de otorgar, todo nos resultaría mucho más sencillo.
La persona siente constantemente fatiga, confusión e impotencia. ¿Por qué este camino le resulta tan difícil y desagradable?
En uno de los artículos de Shamati se explica que, aun cuando la persona comprende que su anulación ante el Creador es inevitable y la desea, e incluso cuando siente que el punto en el corazón es opuesto al corazón, empieza a percibir que dicho punto (el deseo de otorgar) no puede ejercer control sobre su corazón sin fe, sin la sensación del Creador.
Esto se deriva de una premisa sencilla. La espiritualidad se define como una situación en la que «Israel» (el estado espiritual en el que habita la persona) y el Creador se encuentran en el mismo punto de conexión, adhesión y unión. Por consiguiente, si una persona aspira a la espiritualidad aunque sea meramente mediante un deseo de otorgar pero no tiene en cuenta a quién desea otorgar, tal estado aún no es perfecto; todavía no constituye espiritualidad.
La espiritualidad es la unidad de tres factores: Israel, el estado de la persona y el Creador. Incluso cuando alcanzamos el estado en el que comprendemos que debemos anularnos, experimentamos pesadez porque en el panorama general falta el Creador.
La necesidad de la Luz que reforma y la revelación
Esta carencia, esta pesadez, surge a través de la Luz que reforma, la cual actúa como un heraldo que proclama que no tenemos más opción que alcanzar una sensación del Creador, Su revelación. Solo así podremos, de alguna manera, cambiar el estado actual y salir de él.
Entonces, si estos tres puntos convergen en mi oración donde «yo», dentro de mi estado, aparentemente deseo acercarme al Creador y pedirle que me dé la fuerza para hacerlo (fuerza conocida como el poder para salir de Egipto), es cuando Él se revela.
Compromete al grupo en el juego de la grandeza espiritual
Pregunta:
Llevamos muchos años oyendo hablar de la inspiración y de su importancia. Si lo ponemos en práctica, en lugar de limitarnos a hablar de ello, ¿Debemos forzar nuestro avance?
Respuesta:
Debemos involucrar al grupo en un juego mediante una especie de “publicidad” forzada y fingida. Todos los que estamos aquí estamos obligados a representar la importancia del Creador y a levantar el ánimo de nuestros amigos. ¿De verdad me importa, de verdad lo quiero? Sin embargo, estoy obligado a hacerlo, a la fuerza, de forma artificial y fingiendo, elevándome por encima de mis sentimientos y mi comprensión, elevándome por encima de mi razón.
A partir de este momento, todos empiezan a participar en el juego: la sensación del Creador, conocerlo, y Su grandeza, es importante para nosotros. No debemos olvidarnos de Él ni participar en charlas vacías que nos alejen del objetivo; esto debe convertirse en un tema candente para todos. Aparte de esto, no tenemos nada en común. Y debemos hacerlo a la fuerza, de forma artificial y fingiendo, sabiendo perfectamente que todo es una mentira y un juego.
Si Él está oculto, pero tienes que realizar acciones que surjan de la comprensión de Su grandeza, ¿Cómo lo haces? No te queda más remedio que imaginar sus propiedades, en la medida de tus posibilidades, y avanzar en esa dirección.
Comentario:
Todo el mundo puede justificar ese enfoque.
MI Respuesta:
¡Pues empieza a actuar! A partir de este momento, empezamos a actuar.
Pregunta:
¿Y si soy mal actor?
Respuesta:
Si todos decidimos hacer esto, significa que estamos asumiendo la “carga del reino de los cielos” (Ol Maljut Shamayim). Nadie quiere hacerlo y, sin embargo, lo aceptamos. Eso es todo.
Hay bajones y momentos de desesperanza; es comprensible, pero en general, todo el mundo, como dice Rabash, “da el salto”. Todo el mundo avanza, y el bajón de un amigo, junto con mi ascenso y todo lo demás, cuenta como algo positivo. Y entonces el tiempo simplemente sigue corriendo.
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El estado denominado «Trabajo»: Descubrir la intención de otorgar
Existe una regla según la cual nadie puede hacer nada a menos que le resulte placentero. Cuando se realiza, el trabajo sin placer se denomina «esfuerzo» (Rabash, «¿Qué son la “bendición” y la “maldición” en el trabajo?»).
Si, por un lado, me gustaría hacer algo, pero, por otro lado, no soy capaz de hacerlo porque no veo ninguna recompensa en esa acción, eso es lo que se llama esfuerzo.
Podemos imaginar una recompensa para casi cualquier cosa, excepto para aquello que va en contra de nuestra naturaleza: la intención de otorgar. Siempre que se trate de la intención de recibir, sea lo que sea, siempre puedo ver algún beneficio en ello.
Puedo convencerme a mí mismo e imaginarme las cosas de tal manera que encuentre al menos algún punto de apoyo y sienta que merece la pena. Pero si hablamos de una acción con el fin de otorgar, no hay un placer correspondiente en mis Kelim; no se percibe en ellos y, por lo tanto, no puedo llevarla a cabo.
Intenta imaginar una acción en la que regales todo lo que tienes, absolutamente todo. Si la llevas a cabo correctamente, no podrás sentir ningún placer al hacerlo. Podrías encontrar placer en el honor que recibas o en otra cosa, pero estamos hablando de llevar a cabo la acción de manera correcta.
Por lo tanto, solo hay una acción respecto a la cual podemos ponernos en una situación en la que no dispongamos del combustible necesario para llevarla a cabo. A esto es a lo que se llama «esfuerzo». El esfuerzo es mi intento de realizar una acción con el fin de otorgar y de revelar que soy incapaz de hacerlo. Este estado en sí mismo se denomina «esfuerzo».
Pregunta:
¿Y cómo lo hago?
Respuesta:
¿A qué te refieres con «llevarlo a cabo»? No puedes, eres incapaz de hacerlo. Pero cuando te convences a ti mismo de que eso es realmente así, eso ya se considera un esfuerzo.
Se dice que esa persona no haría esto si no supiera que se le recompensaría por el esfuerzo. Entonces, ¿Qué debería hacer? Debe tomar mayor conciencia de la importancia de la intención de otorgar. Pero, ¿Cómo? ¿Por qué?
Aquí, la persona se encuentra en una situación en la que ya no le queda nada más que hacer. Descubre su propia debilidad al darse cuenta de que, por mucho que recurra a su propia fuerza, a su naturaleza o a su conciencia, no tiene conexión alguna con la intención de otorgar.
Sin embargo, si al mismo tiempo una persona recoge todo tipo de impresiones del exterior, oyendo decir a los demás que la intención es más importante que cualquier otra cosa, mientras que ella misma no encuentra ningún gusto en ello y es incapaz de lograrlo, entonces se encuentra ante dos extremos, dos polos. Y de entre estos dos polos surge la plegaria, a la que recibe respuesta.
Estos dos factores están relacionados entre sí: si me esfuerzo por reconocer la importancia de la intención de otorgar, entonces se me muestra cada vez con mayor claridad que no la tengo. Al mismo tiempo, no debo esforzarme con el fin de descubrir mi incapacidad lo antes posible. Es imposible esforzarse de forma negativa; eso sería engañarse a uno mismo.
De los dos extremos nace la auténtica plegaria
Debes esforzarte por alcanzar realmente la acción espiritual, por llevarla a cabo. Entonces, en contraste con esto, se te mostrará que eres incapaz de hacerlo. Debemos trabajar siempre de forma positiva.

