Relaciones humanas según la Cabalá: Del egoísmo a la corrección del grupo

¿En una sociedad dedicada a la Cabalá, la calumnia contra un amigo es lo mismo que la calumnia contra el Creador?

 

Una sociedad dedicada al trabajo espiritual aspira a actuar de acuerdo con las leyes espirituales. El beneficio fundamental de la sociedad reside en que, en su esencia, en el alma de Adam HaRishón, en el lugar donde todos existen en el grado espiritual más elevado, donde todas las almas están conectadas, podemos obtener fuerza y ​​Luz circundante. Desde un estado inferior a ese grado espiritual más elevado debemos esforzarnos por actuar como si ya estuviéramos en él. Esto significa que lo anhelamos, y a esto se le llama «esfuerzo». Esfuerzo significa asemejarse a un estado superior.

El principio de «Ama a tu prójimo como a ti mismo» y la Luz circundante

Si cada miembro del grupo se esfuerza por construir las relaciones con sus amigos como si ya hubieran alcanzado el final de la corrección, a esto se le llama «esfuerzo». En la medida en que todos anhelamos que el estado corregido del final de la corrección habite entre nosotros, tal como se nos presenta ahora, entonces desde ese estado perfecto atraeremos la Luz circundante que nos cuidará y nos corregirá, y que, en efecto, nos conducirá al estado del final de la corrección. Por lo tanto, en la medida de lo posible, debemos comportarnos en nuestro entorno de acuerdo con el principio de «Ama a tu prójimo como a ti mismo».

El amor a los amigos y el proceso hacia el final de la corrección

¿Qué debemos hacer si ya amamos a algunos amigos del grupo?

 

Si sentimos que ya amamos a algunos amigos del grupo antes de alcanzar el final de la corrección, en la Cabalá, es señal de que nos estamos engañando. Solo nos parece que amamos a nuestros amigos cuando en realidad lo estamos evadiendo y llamándolo amor.

 

Entonces debemos esforzarnos más. Como se mencionó anteriormente, todavía no estamos en el estado de la corrección con nuestros amigos y aún no hemos corregido completamente nuestra actitud hacia ellos, lo que se denomina «el final de la corrección».

 

La raíz del odio y los grados de la naturaleza

¿Cuál es la raíz del odio?

 

La raíz del odio es la ruptura de la pantalla; no hay unidad, cada uno siente solo su propia voluntad de recibir y sentimos rechazo hacia una voluntad de recibir diferente a la nuestra. Hay muchos grados. Nos amamos y nos preocupamos solo por nosotros mismos porque nuestra naturaleza nos obliga a hacerlo. Como escribe Rabash en un artículo: un lobo que devora a un ciervo no le hace daño al ciervo; la naturaleza del lobo exige que se sacie, y el Creador lo creó para que el ciervo sea su plenitud. Que el lobo se coma al ciervo es una corrección, tanto para el lobo como para el ciervo. Para nosotros parece terrible, pero no lo es. Es la naturaleza.

Diferencia entre la naturaleza animal y el grado humano

También continúa escribiendo que hay animales que dañan a otros animales, no porque lo necesiten, sino por un antiguo hábito que fue necesario para la supervivencia en el pasado y que ahora ya no lo es. Por lo tanto, aunque no se comprenda la necesidad de sus acciones, el antiguo hábito parece eximirlos del castigo, pues no tienen la culpa de haberse acostumbrado de esa manera, ya que la naturaleza los acostumbró a actuar así. Aquí hablamos únicamente del grado animal, el grado de lo inmóvil, vegetativo y animado. Por consiguiente, estos grados no tienen buenas ni malas acciones, y no se les juzga como buenos o malos según su comportamiento. Solo tienen naturaleza.

 

Los seres humanos están obligados a lidiar con sus relaciones. No se plantean la cuestión de qué necesitamos para sobrevivir y para satisfacer nuestras necesidades básicas. Generalmente, el Estado garantiza que cada persona tenga un lugar seguro bajo sus pies. Cuanto más corregida está la sociedad, más se preocupa por sus miembros. Nuestro autoexamen comienza en el grado superior a la supervivencia.

 

La «Última Generación» de Baal HaSulam y las necesidades sociales

Baal HaSulam escribe en el artículo “La Última Generación” que, al final de la corrección, en la última generación, habrá una religión universal para todas las naciones. ¿Cuál será esa religión? Será no recibir más de lo que recibe de la sociedad la persona menos afortunada. Él la llama “religión”. El resto de las naciones, dice, pueden mantener sus religiones, costumbres y tradiciones, y no interferirá. Esto indica la actitud de Baal HaSulam hacia la totalidad de los seres humanos. En otras palabras, yo hago un cálculo de lo que necesito según la persona menos afortunada, aquella que realmente recibe menos que todos los demás. Si recibo más que esa persona, entonces recibo lujos. Esto es lo que dice Baal HaSulam. Este es el ideal, la religión de la última generación.

 

Sin embargo, la necesidad tiene muchos grados. Hay un grado en el que nos relacionamos solo con nosotros mismos y nuestras necesidades, y hay un grado en el que ya comenzamos a tener en cuenta a los demás.

 

Cómo la sociedad transforma las necesidades básicas en deseos de lujo

¿Qué significa “tener en cuenta a los demás”? Tenemos deseos instintivos, al igual que los animales: comida, sexo, refugio, familia; todas ellas necesidades básicas. Lo que consideramos «necesario» es aquello que hacemos únicamente para satisfacer las necesidades de nuestro cuerpo. Cuando empezamos a fijarnos en lo que tienen los demás, dejamos de considerar solo nuestras necesidades físicas y empezamos a pensar en cómo nos verán los demás. De repente, necesitamos una casa de cinco pisos, lo que significa que empezamos a calcular nuestras necesidades no en función de nuestro cuerpo, sino de la opinión ajena.

 

Rabash relata que, a principios del siglo XX, en Jerusalén, su familia vivía en una sola habitación. En un rincón había colchones y, por la noche, cada uno extendía el suyo y dormía. Los padres adinerados de su nuera tenían dos habitaciones. Toda la familia vivía en una y alquilaban la otra. Esto era lo normal y así vivía todo el mundo. Hoy en día, la necesidad es que cada persona tenga su propia habitación, su propio espacio privado.

 

Cuando empezamos a tener en cuenta la sociedad y a medir lo que debería recibir de ella según lo que vemos a nuestro alrededor, esto también afecta las necesidades básicas como la alimentación y la vivienda. Elegimos nuestra comida y nuestra casa según la variedad que ofrece el supermercado y según las casas que construyen los demás. Todo esto pasa de ser una necesidad corporal básica a la necesidad de tener lo que tienen nuestros vecinos. Ya no se trata de una necesidad, sino de una relación con el entorno. Cuando estas necesidades se comparan con lo que consume la sociedad, adquieren otro carácter y dejan de ser necesidades básicas para convertirse en lujos propios de los deseos humanos: dinero, honor y conocimiento. Son deseos influenciados por la sociedad, aunque aparentemente estén conectados con el cuerpo. De hecho, el cuerpo no los necesita.

 

De este modo, en el desarrollo de las relaciones humanas según la Cabalá, comprendemos que entre los deseos que dependen de la sociedad existe una tensión constante entre lo que queremos aportar a los demás y lo que queremos recibir de ellos. Los deseos humanos abarcan un amplio espectro de matices: desde una actitud favorable hacia los demás hasta la corrección misma del odio.

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