Está escrito que la Luz sacude la vasija en el marco del estudio de la Cabalá, esta es la única manera. Cuanto más o menos brilla, más asciende o desciende la vasija. No existe otra fuerza aparte de la Luz que pueda influir en la vasija. Pero la Luz influye en la vasija y en sus partes de manera selectiva, según la capacidad de la vasija para avanzar. La Luz en sí misma es una Luz simple y abstracta que brilla sobre la vasija como una linterna común, pero crea un sistema especial entre ella y la vasija llamado «los mundos».
La Luz que atraviesa los mundos y brilla sobre la vasija adquiere una forma especial que ilumina precisamente aquella parte de la vasija que debe activarse en ese momento. La Luz brilla con la intensidad y de la manera exactas requeridas para que un órgano particular actúe ahora, se corrija y sienta algo. En otras palabras, los mundos que se interponen entre la Luz y la vasija adaptan la Luz precisamente a cada vasija individual, según su naturaleza. Entonces cada vasija recibe exactamente lo que necesita, responde y se corrige en consecuencia.
Por ello, en la Cabalá se dice que los mundos son un sistema de control, un sistema de gobierno, un sistema de providencia. ¿Para qué sirven los mundos? Los mundos están construidos en correspondencia con las vasijas, pero en una forma opuesta. Es decir, comprenden las carencias de las vasijas y existen en los mundos de forma positiva. Cuando estudiamos el mundo de Atzilut, no estudios técnicos, como escribe Baal HaSulam, sino cuando realmente comenzamos a ver cómo el mundo de Atzilut prepara su influencia para las almas, y con qué sabiduría sabe exactamente cómo y para qué propósito preparar su influencia en cada una de las almas, la imagen es verdaderamente magnífica.
Dentro de la sabiduría de la Cabalá, simplemente aprendemos que los mundos fueron creados como una copia. Hubo una ruptura del mundo de Nekudim y, a partir de esa ruptura, se formaron los mundos. Por lo tanto, comenzamos a contar los mundos a partir del mundo de Atzilut, mientras que el mundo de Adam Kadmón, el mundo de Kéter, es la Luz que resplandece desde Ein Sof (el Infinito). Ein Sof es una luz totalmente abstracta. En el mundo de Adam Kadmón, dicha Luz se divide en cinco luces originales, conforme a las cinco partes existentes en la vasija original: las cuatro fases de la Luz directa. Posteriormente, el mundo de Atzilut, surgido de los restos de la ruptura, canaliza las luces hacia las almas que habitan en los mundos de BYA y las organiza de tal manera que influyan en cada parte de cada alma, siguiendo exactamente el orden de correcciones que cada una requiere.
Así pues, estudiamos principalmente el mundo de Atzilut porque explica todo cuanto sucede y, a través de él, podemos conocer las almas. El mundo de Atzilut guarda una correspondencia absoluta con lo que debe existir en el alma. Por consiguiente, no estudiamos las almas directamente; solo nos estudiamos a nosotros mismos. «Por Tus actos Te conocemos». El estudio del mundo de Atzilut es, en realidad, el estudio de las almas, pues ambas realidades se corresponden mutuamente. El estudio del mundo de Atzilut resulta fascinante e imponente. A través de él comprendemos qué cambios experimenta cada detalle particular cuando la Luz desciende sobre él, qué está llamado a corregir, qué se despierta en el alma, cómo ésta responde, tanto consciente como inconscientemente, y cómo el ser creado comienza a despertar y a cobrar existencia desde un estado en el que aún no era, en absoluto, un ser creado. Es un panorama asombroso, una verdadera maravilla.
¿Cómo distinguimos entre un Klipá y el reconocimiento del mal?
Distinguimos todo según cómo nos ilumina la luz.
La Cabalá ante la barrera: Del nivel bestial al nivel humano
La diferencia fundamental entre la labor del público y la del individuo
Adentrándonos en esta etapa, existe una gran diferencia entre la labor del público en general y la labor del individuo. Es la diferencia entre el cielo y la tierra. Una bestia no tiene propósito de creación; no asciende a ningún lugar y, tal y como nació, muere, y su función se limita a servir al hombre. Este es el nivel de la bestia. El mundo entero se encuentra en este nivel, ni siquiera en el nivel de Lo Lishmá. Ciertamente, también en este nivel hay varios cambios, estados y grados y, en consecuencia, en el mundo animal también hay innumerables especies y formas de vida, desde minúsculos piojos hasta grandes animales, y todos ellos son copias de las cualidades y formas que existen en una persona que se encuentra en el grado animado.
Leer más sobre Del nivel de “bestia” al nivel de “Adam”
El tránsito de Lo Lishmá a Lishmá mediante la Luz Superior
Lo Lishmá se encuentra en el grado bestial, al igual que la mayor parte de la humanidad, incluidos aquellos que se relacionan con la vida desde una intención centrada en sí mismos. Lo que determina la diferencia entre el nivel bestial y el nivel humano es una barrera (Masaj). Existe la intención centrada en uno mismo, que se denomina «miedo a este mundo», «miedo al más allá» y «miedo a la recompensa y al castigo», y existe la intención fuera de nosotros, que es el temor respecto a cuánto y de qué manera podremos otorgar al Creador. Esta última es un temor que no se centra en uno mismo, sino que se dirige hacia el exterior. Fuera de nosotros solo hay «Nada más que Él», y entonces nacemos del grado bestial al grado humano.
Dicen que lo principal es estudiar Lishmá, pero el problema es que no sabemos qué es Lishmá. Nuestra medida de Lishmá es nuestra medida de unidad con el Creador, a la que llegamos a través de una pantalla. Entonces, sin duda, estudiamos Lishmá.
Solo el objetivo de Lishmá o Lo Lishmá a través del estudio de la Cabalá pone de manifiesto la importancia de la sabiduría de la Cabalá. Esto se debe a que, si no atraemos la luz Superior durante el estudio —que alcanzamos mediante el estudio de la Cabalá—, no podemos ascender del grado de Lo Lishmá al grado de Lishmá, adquirir una pantalla y convertirnos en seres humanos en lugar de bestias. No hay otra forma de hacerlo.

