Ya se ha mencionado aquí cómo escapar del mal: pasando de un sentimiento negativo a otro positivo. Debemos pedirle al Creador, no que no nos dé el mal, sino que nos dé el reconocimiento del mal. ¿Cuál es la diferencia entre ambos? Son completamente diferentes. En un caso, sentimos que el Creador nos está golpeando sin motivo alguno, y nos sentimos mal por ello. En el otro caso, comprendemos intelectualmente, a través de la razón y el entendimiento, que esos golpes no van dirigidos a nosotros, porque ya nos identificamos con un punto diferente. En la sabiduría de la Cabalá, situamos nuestro yo fuera, de manera que los golpes no van dirigidos a nosotros, sino a aquellas cualidades que hay en nuestro interior que son opuestas a las cualidades del Creador.
Cuando nos sentimos mal por los golpes que hemos recibido, somos como un niño que ha vivido algo desagradable, por ejemplo, que no ha recibido un caramelo (un golpe no tiene por qué ser necesariamente físico), y nos identificamos con esa sensación del mal; estamos dentro del mal. En la Cabalá se dice que, si sentimos el mal, debemos escapar de ese sentimiento. Debemos salir de ese mal y observar desde fuera, desde un punto distante; lo que se denomina en la Cabalá «hacer una restricción» (Tzimtzum). Es decir, el «yo» que siente y el «mal» que se siente son dos cosas separadas y opuestas. ¿Y de quién recibimos el mal? Del Creador.
En otras palabras, situamos nuestro «yo» fuera, tanto del Creador como del cuerpo que siente el mal, y a esto se le llama «reconocimiento del mal». De lo contrario, no reconocemos el mal, simplemente lo sentimos. Los cabalistas insisten mucho en que a esto se le llama «reconocimiento del mal», no «sensación del mal». Además, cuando observamos ese mal desde fuera, ya comprendemos por qué nos sentimos así, con qué propósito ha llegado a nosotros y qué debemos hacer con él. Entonces, el reconocimiento del mal nos lleva, verdaderamente, a la corrección. Por lo tanto, cuando en la Cabalá nos encontramos en el proceso de reconocimiento del mal, pedimos reconocerlo aún más profundamente para recibir la fuerza necesaria para salir de él y pedir correcciones. No pedimos sentir más mal, pedimos reconocer más el mal.
Nos lleva a la corrección ¿Qué es el reconocimiento del mal?
Es posible que el mal traiga consigo una sensación placentera. Una persona a la que le gusta fumar, por ejemplo, sigue fumando y disfrutándolo, pero al mismo tiempo le gustaría desarrollar un odio hacia el tabaco. ¿Cómo se llega a reconocer el mal que hay en fumar, algo que le produce placer? Poco a poco, empieza a sentir que fumar le hace daño. Tose y su salud se deteriora. Adquiere una visión cada vez más profunda de lo perjudicial que es, hasta que fumar se vuelve tan malo que le da miedo, se harta de ello y está dispuesto a escapar de ello. Reconocer el mal no es sentir el mal. Son dos cosas completamente diferentes.
La sensación del mal frente al reconocimiento espiritual del mal
«La sensación del mal» es lo que siente un animal. «El reconocimiento del mal» es ya un trabajo espiritual realizado por un ser humano. Empezamos a discernir que algo es malo y a comprender en relación con qué es malo: en relación con el avance, con el acercamiento al Creador. No es en vano que sintamos el golpe, pero no sepamos quién nos lo está dando. Nos damos cuenta de que, a través de este golpe, el Creador nos muestra la cualidad que nos impide conectarnos con Él y adherirnos a Él. No es malo porque sintamos dolor, sino porque la cualidad en la que sentimos el dolor nos aleja del Creador. El reconocimiento del mal es el reconocimiento de nuestra distancia respecto al Creador, no la sensación de sufrimiento en un órgano corporal concreto. Ahí radica la verdadera diferencia entre sentir el mal y reconocer el mal en el proceso del avance espiritual.
La revelación del Creador: ¿Por qué debemos pedir la revelación del Creador para reconocer el mal?
El avance espiritual Movimiento hacia el reconocimiento del mal
En el trabajo espiritual que se realiza en la Cabalá se dice constantemente que debemos pedir la revelación del Creador, la importancia del Creador y la grandeza del Creador, y que de ello surgirá el reconocimiento del mal. Pero cuando estamos inmersos en el mal, no podemos pedir, desde dentro de él, la grandeza y la importancia del Creador. Somos incapaces de hacerlo porque estamos inmersos en el mal. Podemos salir de este mal si lo observamos desde fuera y lo reconocemos como mal en relación con el Creador. Cuanto más salimos del mal, más podemos reconocer cuán opuesto es dicho mal al Creador. ¿Cómo salimos del mal? Acercando nuestro «yo» al Creador mientras nuestro cuerpo permanece donde está.
Comenzamos a ver cuán lejos estamos del Creador cuando nos elevamos por encima del cuerpo hacia el Creador, desde el punto del «yo», el punto de la consciencia. Es como si surgiera un punto desde nuestro interior, desde nuestro cuerpo y desde este dolor, llamado «el punto de nuestra consciencia», y se acercara al Creador. A medida que se acerca al Creador, ya puede observar el cuerpo y ver cuán lejos está este del Creador, según la medida en que percibe la distancia del cuerpo respecto a Él. No puede medir cuán lejos está el Creador; solo puede medir cuán lejos está el cuerpo del lugar desde el cual surgió dicho punto.
Cuando te acercas al creador ¿Cómo reconocer el mal y anteponer la fe a la razón? La respuesta de la Cabalá

