Creo que cuando la gente se dé cuenta de que lo está perdiendo todo, por ejemplo, a los hijos, algo tan terrible que no haya hacia dónde huir o volverse, y sea necesario tomar una decisión, en este caso, tal vez acepten cambiar algo. Porque el cambio seguirá viniendo de arriba, pero solo cuando estemos preparados para ello, esta preparación es así: cuando los hijos y los nietos estén bajo amenaza de muerte, desaparición y exterminio, entonces podremos hacer algo con nosotros mismos.