Al nacer, todas las personas son iguales. Cuando mueren, también son iguales. Solo su entorno, un caso concreto, el destino, por así decirlo, de unos y otros les dan actitudes diferentes ante el nivel de felicidad y nada más.
Una persona es desprendida de cosas innecesarias, deja solo el cuerpo animal y lo que este cuerpo necesita y todo lo demás debe estar dirigido a desarrollar el grado espiritual en él. No necesitamos más.