Cuando el Creador quiere que el malvado se arrepienta, hace que el inframundo sea tan bajo para él que él mismo no quiere serlo. Por lo tanto, uno necesita orar, suplicando que el Creador le muestre la verdad agregándole la luz de la Torá (Baal HaSulam, Shamati 47 “En el lugar donde encuentres su grandeza”).