Un ser creado es algo que existe en el mundo espiritual, ya que nuestro mundo corpóreo solo existe en nuestra imaginación.
El ser creado nace de la línea media, del punto en el que dos fuerzas opuestas están presentes: la recepción y el otorgamiento.
Sabe cómo combinar estas dos fuerzas de tal manera que aproveche la fuerza de la recepción, que es opuesta al Creador. Fue creado deliberadamente de esta forma con el fin de dotar al ser creado de independencia y de la habilidad de situarse libremente frente al Creador. De este modo, podemos construir nuestra propia identidad independiente que incorpore ambas fuerzas a la vez.
En cada paso, el ser creado debe combinar correctamente estas dos fuerzas y verificar el proceso etapa por etapa para cada nueva parte del deseo egoísta que se revela en su interior. De este modo, el ser creado crece por sí mismo, se construye a partir de su propio material con la ayuda de la fuerza del otorgamiento, que obtiene de la línea derecha.
En esencia, todo el trabajo lo realiza la fuerza del otorgamiento, la fuerza de la Luz, el Creador. Pero el ser creado debe preparar todo lo necesario para ello. Al igual que en nuestro mundo utilizamos todos los medios a nuestro alcance en los niveles inanimado, vegetativo, animado y humano, junto con todas las facultades de nuestros sentimientos y nuestra mente. Sin embargo, seguimos diciendo que fuimos nosotros quienes hicimos el trabajo, porque somos nosotros quienes llevamos a cabo estas acciones utilizando los materiales de este mundo y nuestras propias habilidades.
La construcción corporal y la espiritual se desarrollan de la misma manera: primero hay un plan y, a continuación, utilizando los materiales de que disponemos, comenzamos a construir diferentes formas. Lo mismo ocurre en el mundo espiritual. A través de nuestro deseo y nuestra comprensión, nosotros mismos construimos las «formas del Creador», nuestra actitud hacia Él, que se asemeja a Su actitud hacia nosotros.
Somos verdaderos socios Sociedad creativa con el Creador
Por un lado, esta es nuestra propia labor, tal y como está escrito: «Me esforcé y encontré». Pero, por otro lado, es la obra del Creador, porque aprendemos de Él, de Sus ejemplos, y le pedimos que la lleve a cabo. ¡Somos verdaderos socios con Él porque nosotros mismos sabemos exactamente lo que queremos y debemos preparar todo lo necesario!
En otras palabras, seguimos la línea media en la Cabalá mediante nuestra intención, uniendo el deseo y la decisión sobre cómo conectar correctamente las fuerzas de la santidad y la impureza, las líneas de la izquierda y de la derecha.
La conexión con el grupo para alcanzar la independencia
También construimos la línea media conectándonos con el grupo a través de la Luz.
Queremos formar parte del grupo y encontrar en él nuestro deseo de otorgar, pero ese deseo solo puede ser creado por la luz, por el Creador, que se oculta en ella. Así, incorporamos estas dos fuerzas —la fuerza del grupo y la fuerza del Creador— en nuestro interior, mientras permanecemos en la línea media.
También en muchos otros ejemplos vemos que actuamos en la línea media, ya que debemos combinar estas dos fuerzas —la recepción y el otorgamiento— para adquirir libertad de elección y construirnos a nosotros mismos de forma independiente a partir de ellas.
El desarrollo de la parte espiritual en una persona
Pregunta:
Se dice que Abraham recibió una instrucción del Creador para cumplir un mandamiento. Pero no estaba seguro de sí mismo y fue a consultar con otros. ¿Acaso no confiaba en el Creador? Después de todo, Abraham ya lo sentía.
Respuesta:
Nos referimos a cómo una persona evalúa sus propias fuerzas. Una persona vive como un animal durante miles de años, de una encarnación a otra, al igual que el resto del mundo.
Hemos vivido muchos ciclos de reencarnación, en diversas formas y en distintos lugares. A lo largo de estos ciclos del alma, hemos evolucionado en cuanto a nuestros deseos y necesidades. Vemos la naturaleza de este desarrollo: el alma evoluciona y exige cada vez más.
¿Por qué el alma? Porque la parte animal que hay en nosotros no se desarrolla.Nuestro cuerpo permanece igual. Si no fuera por la parte espiritual en una persona, seríamos como un animal. ¿Acaso los animales evolucionan y de repente exigen televisión, automóviles, cohetes o música? Nada de eso. Un animal sigue siendo un animal, tal como nace, así permanece, solo tiene una ley: cuidar de su existencia.
Reencarnación, deseos corporales y el punto en el corazón
Por lo tanto, lo que se desarrolla en nosotros es el aspecto espiritual, que evoluciona en dos etapas. La primera es material, animalística, o una especie de fase animal-espiritual. Buscamos sexo, honor, dinero y conocimiento. El alma se desarrolla de esta manera, pero este desarrollo tiene lugar a través de la búsqueda de los placeres de este mundo.
Tras haberse desarrollado así a lo largo de muchas encarnaciones, se revela en ella un Jisarón, una carencia o anhelo de placeres espirituales. La persona comienza a sentir el «punto en el corazón»; desea algo que trasciende este mundo, más allá de los placeres que puede experimentar con sus sentidos corporales.
El placer espiritual que se anhela se llama Or (luz), y el medio a través del cual se puede recibir y percibir se llama Neshamá (alma), una vasija espiritual o Kli.
La llamada a trascender el grado animal
Cuando una persona comienza a desarrollar este Kli, aunque sea gradualmente, al recibir esta carencia (Jisarón) que surge en su interior tras todo el desarrollo animal a lo largo de numerosas encarnaciones, se asemeja a Abraham.
Comienza a sentir una aspiración, un anhelo de espiritualidad. Esto es como si el Creador le dijera: «Desarrolla tu ser, alcanza un estado nuevo, especial y superior». Y entonces la persona comienza a percibir diversas fuerzas, pensamientos e impulsos que favorecen o se oponen a ese estado.
Rabash explica que esto es como una obra de teatro, donde cada actor representa una cualidad propia. Así, Mamre es una cualidad, Sara es otra, y toda la familia de Abraham, con su ganado, su campo (en resumen, todos los elementos propios del estilo de vida beduino), representa las fuerzas de su alma que favorecen o se oponen a su desarrollo.
¿Por qué tiene que ser así? Después de todo, el Creador dice: «¡Lej Lejá! ¡Adelante! El camino está trazado, ¡adelante!». ¿Por qué habría dudas? ¿Por qué oponerse?
Porque la intención es que te conviertas en un ser humano, que te desarrolles como tal, y no quedes como un animal. Una persona podría ser tratada como una marioneta y ser mejorada, convertida en cualquier cosa que se desee, sin su propia consciencia ni participación.
Pero en ese caso, el ser creado permanecería en el plano animado, mientras que el propósito es deleitar a los seres creados elevando a la persona al grado del Creador, ya que deleitarlos en un grado inferior no se considera deleite desde la perspectiva del Creador. Si algo es bueno, solo puede existir en su forma más plena. Es decir, dar algo que no sea el «mayor bien» no es verdaderamente «deleitar».
El camino está trazado La pantalla es nuestra contribución a la realidad espiritual

