Hay una parábola sobre un anciano que solía sentarse a pescar junto al río todos los días. Un día, pescó un pez dorado que prometía cumplir un deseo. El anciano pidió: “Que todos los habitantes del pueblo sean felices”. El pez cumplió el deseo.
El anciano regresó al pueblo y vio que todos estaban ocupados con su propia felicidad y se olvidaron de él. El anciano se dio cuenta de que la verdadera felicidad no está en los deseos para los demás, sino en la capacidad de ser feliz uno mismo. ¿Está de acuerdo con esto?