En aquel momento yo no tenía más de 26 años, pero sabía muy bien que la vida no tenía ningún propósito ni sentido, que todo era un engaño y una ilusión. La esencia y el resultado de una vida de trabajo duro en la isla de Sajalín no son diferentes de una vida en Niza. Y la diferencia entre el cerebro de Kant y el cerebro de una mosca es insignificante. Nadie en este mundo tiene razón o no, y todo es basura y tonterías, así que ¡al diablo con todo! (Antón Chéjov, Luces)