El componente animal, es decir, la línea izquierda, se desarrolla en nosotros automáticamente. De ninguna manera podemos despertarlo nosotros mismos. En cuanto a la línea derecha, la despertamos a través de nuestros intentos de volvernos similares a ella en nuestra conexión dentro de la decena y en la conexión de la decena con el Creador. No podemos dirigirnos al Creador directamente, solo a través de la decena.
En nuestro caso, una decena puede estar formada por cinco e incluso dos amigos. Cuando una persona trabaja con su egoísmo, incluso un amigo frente a él es suficiente para él. Pero en general, en Cabalá, lo llamamos una decena porque precisamente en las diez Sefirot se puede obtener la propiedad de todo el Partzuf. De lo contrario, es imposible dirigirse al Creador.
En realidad, una petición al Creador tiene que estar por encima del egoísmo y tenemos que entender claramente lo que significa. De hecho, existimos en conexión con otros amigos, hombres con hombres y mujeres con mujeres y sentimos egoísmo entre nosotros.
Tenemos que elevarnos por encima del ego para aspirar al Creador. Sin embargo, pasa mucho tiempo antes de que una persona reconozca esta necesidad y empiece a realizarla correctamente.
Sin embargo, este es el trabajo espiritual más real. Esta es la forma en que estamos obligados a llegar a la conexión con el Creador precisamente desde nuestro mundo. Este es como nuestro transmisor, emisor. Cuando nos conectamos a través de nuestras propiedades egoístas y nos elevamos por encima de ellas, entonces esta vibración del ascenso por encima del egoísmo es lo que llega al Creador.