El hecho es que la revelación y la ocultación se revelan juntas. Es como si entras en una cueva oscura con una antorcha y empiezas a revelar lo que hay dentro. Cuanta más luz proporciona la antorcha, más cosas se descubren, detalles más sutiles y nunca antes vistos.
Sin embargo, esto también plantea preguntas en su interior. La revelación se construye enteramente sobre el descubrimiento de lo oculto. Solo cuando podemos elevarnos por encima de lo oculto alcanzamos un estado en el que podemos atraer la luz reflejada que nos permite ascender por la escalera espiritual.