No, lo que ocurre es que entonces aún no existía un estado en el que la gente sintiera que había agotado todos los esfuerzos, pero seguía sin progresar, no había un estado de desesperación grupal en el que sientes que has llegado a un callejón sin salida y no sabes qué hacer a continuación.
La gente siempre ha pasado por estados como este. Difundimos la Cabalá, actuamos, nos sentimos importantes, a cargo, somos tan sabios. Pero luego llegamos a un punto en el que decimos: “¿Y ahora qué? No tenemos nada», ese tipo de estado aún no había aparecido.
Lo estaba esperando. Preparé El Libro del Zóhar para este momento. Preparé prácticamente el 70% de El Zóhar antes incluso de empezar a leerlo. Ha sido un camino muy largo.
Pero ahora ha llegado el momento en que comenzamos a sentir la necesidad de movimiento interno, tensión interna. Una gran parte del grupo, personas que han estado avanzando durante años, que han revisado todos los artículos múltiples veces, absorbido todo el material, diseminado la Cabalá por todas partes, viajado por el mundo, conectado con amigos de forma global, esencialmente ha realizado y agotado todo en este nivel. Entonces, ¿Qué sigue?
Este es precisamente el punto en el que se plantea la situación real, en el que podemos decir: “¡Chicos, basta de jugar! Ya ven que nada externo ayudará. Ahora es ascendemos o nada”.
Por supuesto, podemos seguir como estamos. Podemos difundir la Cabalá, sentirnos como una academia global, una comunidad mundial que promueve buenas ideas. Pero en realidad, esto no nos aportará nada real.
Para avanzar, necesitamos una revelación grupal del Creador, no individual. Por eso empecé a trabajar en esta dirección.