Debes explicar el propósito de la creación y todo lo que sucede no solo al mundo externo, también a tu mundo interior para que todos tus deseos, todos tus impulsos, lo entiendan.
Luego empiezas a ordenarlos según cómo cada deseo, en cada momento, puede alinearse en relación al objetivo general.
No puedes simplemente borrar algunos deseos. Estás obligado a darles algún tipo de respuesta, algún tipo de realización, algún tipo de corrección. Incluso aquellos deseos que actualmente no pueden corregirse de verdad en la práctica, debes satisfacerlos mediante el avance de tus otras partes, tus otros deseos.
Debes compensar los deseos que ahora te impiden avanzar en el camino de la corrección. Es decir, debes restringirlos, abstenerte de usarlos aunque desees hacerlo con todas tus fuerzas. ¿Cómo lograrlo? Debes dulcificarlos en el estado en el que no se cumplen ni se realizan.