Descubriendo la Fuerza Superior

Pregunta

Dice que hay una ley general en el mundo. Digamos que nunca he oído hablar de ella y que mi vida es un desastre. ¿Cómo puedo entender y aceptar que hay una ley detrás de todo esto? ¿Se puede estudiar de alguna manera?

Respuesta:

Conocemos esta ley “desde el lado opuesto”. La única pregunta es: ¿Cuánto tiempo más tendremos que sufrir antes de reconocer que existe y que, hagamos lo que hagamos, no obtendremos nada que valga la pena?

¿Por qué es así? Significa que no vemos el panorama completo de la realidad; nos estamos perdiendo su parte más esencial. Nuestra falta de comprensión, percepción y conexión con esta parte es la causa de todos nuestros fracasos. Ahí es donde surge en nosotros la necesidad de descubrir lo que nos estamos perdiendo.

Esta parte faltante de la realidad se llama la Fuerza Superior. Si nos familiarizamos con ella, entenderemos qué hacer; y si no, seguiremos sufriendo aún más.

El enfoque aquí es totalmente pragmático; no hay necesidad de palabras altisonantes, se trata simplemente de sobrevivir, de evitar la destrucción total.

Baal HaSulam escribe que toda la humanidad podría reducirse a sólo unos pocos miles de personas y que estas podrían cumplir con todo lo que se requiere. No se trata de cuerpos; eso es obvio. Millones de almas pueden existir dentro de un solo cuerpo. Todo esto es muy flexible.

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Un juego que cambia las actitudes hacia la realidad

 

Una persona que viene a estudiar la Cabalá, con el tiempo, comienza a comprender que estamos hablando del proceso de cambiar los Kelim. Esto ocurre solo si avanza en el camino espiritual.

 

Lo que piensa, entiende y quiere ahora, porque su objetivo es llenarse a sí mismo, mañana será diferente. Si entiende esto, entonces él mismo juega con su deseo de recibir para que le permita avanzar.

 

Aquí es donde comienza todo: despiertan en sí mismos un sentimiento de vergüenza ante el grupo. “¿Cómo puedo no asistir a la clase, actuar de forma diferente a los demás? ¿Cómo puedo sentirme orgulloso en relación con el grupo si no he hecho nada por él?”.

 

Esto es bueno: jugar contigo mismo de esta manera. Como se dice: “La envidia, la lujuria y la búsqueda del honor alejan a una persona del mundo”. Es decir, elevan a uno de su grado actual a uno superior. Sin esto, nada ayudará.

 

Y así continúa hasta que, en lugar de recibir placeres en las vasijas de la envidia, la lujuria y el honor, las personas comienzan gradualmente a valorar los placeres que provienen de su relación con el Creador: “¿Cuál es mi actitud hacia Él? ¿Cómo se relaciona Él conmigo? Quiero parecerme a Él en cualidades, estar cerca de Él”, y así sucesivamente. Una persona comienza a ganar respeto por sí misma de acuerdo con su respeto por el Creador.

 

Escapar del «faraón» que hay en uno mismo

 

Mientras estudiaban en el grupo de Abraham, sus compañeros afines y sus descendientes recibieron tanto Aviut (la crudeza del deseo), a través del exilio egipcio, como Zakut (pureza), a través del sufrimiento que padecieron como resultado de poseer tal Aviut.

 

Les resultaba difícil permanecer en adhesión con el Creador mientras estaban en Egipto, ya que percibían que diversas fuerzas externas los dominaban y les costaba relacionar esas fuerzas con el Creador. Esto es lo que se denomina «exilio». Construyeron las espléndidas ciudades de Pitom y Ramsés para el faraón y ciudades miserables para ellos mismos.

 

El Aviut aumenta y, como resultado, parece que el deseo de recibir trae cosas buenas a una persona, mientras que el deseo de otorgar trae cosas perjudiciales. Una persona es incapaz de conectar los dos y relacionarlos con un único deseo, una única fuerza, un único pensamiento.

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Esto continuó hasta que, dentro de ese grupo, que para entonces se había convertido en una nación, comenzaron a aparecer diferentes tipos de Aviut y tipos de alma: Moisés, Aarón, los Kohanim (los sacerdotes), los levitas y el pueblo. Además, también estaba la «multitud mixta» (Erev Rav) que se había mezclado con ellos, «una gran mezcla de naciones».

 

Sin embargo, debido al creciente número de golpes que había sufrido su deseo de recibir, cada individuo comenzó a sentir que solo podía escapar del dominio del faraón con la pequeña parte que quedaba dentro de ellos, llamada «Moisés». Y comenzaron a intentar huir del poder del faraón.

 

Comenzaron a intuir la posibilidad de escapar de los pensamientos llamados «Faraón», la «nación egipcia» que había en ellos. Entonces alcanzaron un estado en el que pudieron unificar todas estas fuerzas en una sola llamada «Moisés» y unirla al Creador, para adherirse a la idea misma de que «No hay nadie más que Él» y «Él y Su Nombre son uno».

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