Se dice que todo debe comenzar y terminar con el Creador porque el Creador es la causa de todo lo que sucede en mí; puesto que incluyo todo este universo, lo siento, está impreso en mí.
A través de todo lo que siento, la naturaleza animada, vegetativa y las personas, el Creador me habla y me ayuda a sintonizarme para que a través de estas sensaciones pueda llegar a Él y sentirlo.
Si actúo de esta manera, empiezo a entender el lenguaje del Creador, cómo me habla a través de todas las influencias que hay sobre mí, a través de mis cualidades interiores y de cómo me trato a mí mismo. Es precisamente Él quien inicialmente evoca en mí todas mis sensaciones y realizaciones.
Me hace comprender que lo hace para que yo quiera descubrirlo en todo, como la raíz de mí mismo, de mis sensaciones y pensamientos, y luego tratar de averiguar a partir de lo que recibí de Él en mi corazón y en mi mente cómo puedo encontrarlo a través de este cuadro. Al percibir todo el cuadro, lo percibo como su diálogo conmigo.
Así es como el Creador se comunica conmigo, sin esconderse detrás de esta imagen, y yo debo evolucionar para poder sentirlo. Después de todo, cuando estás hablando con un niño pequeño que aún no sabe cómo hablar, él está pateando sus brazos y piernas, mirándote, y sin saber cómo entenderte. Pero poco a poco, gracias a esos esfuerzos, empieza a entenderte cada vez más.
Lo mismo ocurre con nosotros. Como un niño pequeño, debemos “patalear” con todas nuestras cualidades y capacidades e intentar comprender a través de esta imagen que se imprime constantemente en nosotros lo que Él quiere decirnos con esto, debemos penetrar a través de ella con una visión penetrante y ver al Creador.
Todo lo que ocurre a nuestro alrededor se parece a una madre que se agacha sobre un niño y le habla, y él no sabe cómo reaccionar ante ello. Así es exactamente como debemos sentirnos en relación con el mundo, y entonces entraremos poco a poco en contacto con el Creador.