Es comprensible que aún no comprendas dónde estás, como un recién nacido que acaba de llegar al mundo. Tus quejas sobre esta falta de comprensión también son comprensibles. Lo único que no está claro es: ¿por qué no comprendes que este es precisamente el orden de los grados espirituales ascendentes?
Un niño, de no saber, eventualmente llegará a comprender. Los estados intermedios en los que somos incapaces de discernir lo que sucede y experimentamos sensaciones borrosas y vagas, son precisamente lo que indica progreso. Algunas cosas no nos resultan claras, mientras que otras se vuelven más o menos claras. No hay otra manera de crecer. Incluso las cosas más claras de nuestro mundo distan mucho de ser verdaderamente claras. Y lo mismo ocurre más adelante en el mundo espiritual.
Pero ahí, hablamos de desarrollo. En nuestro mundo, en los niveles inanimado, vegetativo y animado, no hay verdadero desarrollo. Estamos raspando capas de la naturaleza de este mundo, revelando un poco más del estado en el que ya nos encontramos. E incluso entonces, no somos realmente conscientes de ello; solo intentamos realizarnos un poco y terminamos aún más vacíos. Eso no se llama desarrollo.
La claridad y la obviedad son una ilusión. Si tuviéramos claro qué hacer, no habríamos cometido tantas tonterías hasta ahora. Al contrario, es absurdo pensar que vivimos en un mundo que comprendemos. En absoluto.
Más bien, como bebés y niños pequeños, también nos dominan sensaciones confusas; no entendemos lo que sucede y estamos enredados en ello. Sin embargo, gradualmente, comenzamos a revelar la situación mediante esfuerzos y exigiendo comprensión a un nivel superior, a la fuerza Superior, para que esta llegue, nos llene y nos ilumine.
Esta es la única forma posible de progreso, el verdadero proceso de crecimiento espiritual. No hay otra manera.