“Todas las puertas estaban cerradas excepto la puerta de las lágrimas”.
Es cuando todas las puertas están cerradas que hay un lugar para las puertas de las lágrimas, y entonces vemos que no están cerradas. Es decir, cuando una persona llega al completo encierro, entonces «mi alma llorará en secreto», porque no tiene otro consejo. Y se llama: «Todo lo que tu mano y tu fuerza puedan hacer, hazlo» (Baal HaSulam, Shamati 18).
Y entonces alcanzarás las puertas de las lágrimas y las forzarás a abrirse. Así es como entramos al palacio del Creador, el mundo Superior; solo a través de las puertas de las lágrimas cuando has perdido por completo la esperanza en tus propias fuerzas y sabes que nada puede ayudarte, pero debes alcanzar la meta. Este es el resultado de un gran trabajo.
Estás completamente seguro de no tener nada más que añadir, y entonces se te abre la puerta a lo espiritual. Gradualmente, formamos este estado llamado «las puertas de las lágrimas».
¿Qué son las puertas? Mientras creas que puedes hacer algo, ves un muro frente a ti. Y de repente notas una abertura, una abertura en ese muro, una entrada, y entras.
Así es en la espiritualidad: un muro infranqueable se alza ante ti, cada vez más fuerte y alto. Y aun así, intentas atravesarlo, pero no encuentras ninguna puerta, o todas están cerradas.
Ver un muro frente a ti es un estado muy avanzado. Pero entonces este muro se abre, y de repente, aparece un pasaje. Mi maestro Rabash me dijo una vez que así es como sucede en la espiritualidad: O hay un muro o hay una entrada, y es imposible prever de antemano dónde estará la entrada en el muro.
Este es el muro que rodea tu corazón. No puedes hacer un agujero en las paredes de tu corazón para que la cualidad de otorgamiento, la cualidad del Creador, pueda penetrar allí. El corazón está cerrado, sellado y cubierto con una costra impenetrable. Solo queda la plegaria: La plegaria del grupo.
Es necesario unirnos en la decena y pedir, pedir por todos, y luego, un día, pedir por una persona. Hoy oramos por un amigo, mañana por otro, y a su vez, por cada uno. Así es como nos acostumbraremos a exigirle al Creador que cuide de los amigos.
Las últimas puertas Abrir las puertas del logro
Las puertas de la plegaria no están cerradas
En la corporalidad, puedes ver la puerta igual que puedes ver la abertura. Pero en la espiritualidad, sólo ves la abertura. Pero no puedes ver la abertura a menos que sea con fe completa y pura. Entonces ves la puerta, y en ese momento se convierte en una abertura porque Él es uno y Su nombre es «Uno» (Baal HaSulam, Carta 26).
Es decir, veo ante mí un muro a través del cual es imposible penetrar, rodear o saltar. Pero en el momento en que revelo la cualidad de la fe, esta cualidad forma una entrada en el muro, y lo atravieso. Deseo esto para todos nosotros.
Las puertas de la plegaria no están cerradas. Debemos intentar constantemente, junto con nuestros amigos, rezar al Creador para que nos ayude a unirnos, a aclarar lo que se llama la fuerza de otorgamiento, y a llegar a Él con esta fuerza de otorgamiento.
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Estamos obligados a alcanzar tal estado, a dar toda la cantidad y calidad de esfuerzos para llegar a la puerta de las lágrimas. Solo a través de la puerta de las lágrimas se entra en el mundo Superior, el espiritual.
Hay que rezar por cada amigo del grupo para que llegue a la puerta de las lágrimas, al mundo espiritual, ¡a todo! «Aquel que reza por su amigo es respondido primero». Esto hace avanzar mucho a la gente.
Pero no se trata de palabras, la plegaria se llama «trabajo en el corazón».
La puerta de las lágrimas es una puerta especial que solo se abre cuando una persona comprende que no tiene fuerza alguna para realizar el más mínimo acto de otorgamiento; sin embargo, al mismo tiempo, debe lograr estos actos de otorgamiento cueste lo que cueste. Está dispuesto a renunciar a todo para convertirse en alguien que otorga; entonces, estas puertas se abren.

