Las reglas del juego son que el Creador sólo tiene una intención: acercar a las personas a Él.
Él cultiva deseos egoístas dentro de una persona y ésta empieza a sentir una carga en el corazón, confusión y pesadez. De repente le parece que el mundo entero está en su contra, que tiene muchos enemigos, muchos obstáculos en su camino y que él mismo está cansado, confuso, quizás incluso algo enfermo.
En definitiva, siente multitud de perturbaciones, tanto externas como internas.
En realidad, no son perturbaciones en absoluto; más bien, son capas adicionales del deseo de recibir dentro de las cuales tiene una nueva oportunidad de conectarse con el Creador.
Suele llegar con alguna perturbación inesperada, un miedo repentino a la gente o a las autoridades.
El Creador se viste en todos estos medios de nuestro mundo, en todas estas formas. La persona comienza a percibirlos como un niño pequeño que le teme a todo en el mundo.
En ese momento, debe fortalecerse a través de los libros, el entorno y el estudio, y tratar constantemente de aferrarse al pensamiento de que «No hay nadie más que Él, El Bueno que hace el bien.»
No es sencillo porque este juego por parte del Creador es excesivamente inteligente e intrincado para nosotros.
Él sabe cómo enredar a una persona en su nivel particular cada vez de tal manera que exige un gran esfuerzo para no desviarse del camino y seguir pensando que no hay otra autoridad aparte del Creador.