La unidad se revela gradualmente

«Israel» y la «Torá» son lo mismo. 

[Inicialmente, la Torá es una instrucción para corregir el mal, llamado 613 consejos para corregir 613 partes del egoísmo].

1) La Torá se considera como 613 consejos, 613 sugerencias para vencer el mal.

[Y después de la corrección, la Torá son las porciones de la luz del Creador correspondientes a cada uno de los 613 órganos corregidos del alma].

De ello se deduce que, al cumplir la Mitzvá, uno extiende al órgano correspondiente de su alma y su cuerpo el grado de luz que pertenece a ese órgano y tendón (Rabash, «Qué significa que el mundo fue creado para la Torá»)

Pregunta:

¿Cuál es la forma más sencilla de explicar a una persona qué son Israel, la Torá y el Creador, y cuál es el significado de su unidad?

Respuesta:

Existimos en un estado inmutable, tal y como se dice: «Yo no cambié».

Este único estado se denomina Maljut del mundo del infinito. El Creador, que deseaba otorgar bondad a la creación, la hizo en un estado acorde de benevolencia.

 

Pero para sentir esta beneficencia, la creación necesita pasar por diversas transformaciones que desarrollen  el deseo y el apetito, que causen desesperación, problemas y agitación en su interior; es decir, que provoquen sensaciones opuestas a la sensación del bien que hace el bien. De lo contrario, la creación no Lo percibirá.

 

Sin embargo, para que las sensaciones del bien que hace el bien, así como sus opuestos, no golpearan a la creación como un golpe doble, el Creador dispuso que recopiláramos las sensaciones desagradables gota a gota, gradualmente, en pequeñas porciones. «¡Ay!» y eso es suficiente. De nuevo «¡Ay!» y eso es suficiente. Así, avanzamos por el camino, aclaramos nuestro deseo y aprendemos lo que es bueno y lo que es malo.

 

En general, debemos ser sensibles y receptivos al bien y al mal. Cuanto más sensible es una persona para reconocer el mal, mayor es su grado y más profundamente penetra en la esencia de la creación.

Por lo tanto, en el estado invariable que el Creador hizo, ya existe el deseo de deleitarse por el bien del otorgamiento, que es corregido por la intención adecuada, así como la luz que llena este deseo e intención. Allí están todos unidos sin distinción alguna. Este estado se denomina «Israel, la Torá y el Creador son uno».

 

Israel (ישראל) es una vasija, un Kli, con la intención de otorgar al Creador, en otras palabras, «directamente al Creador», Yashar-El (ישר-אל). La Torá es toda la luz que lo corrige y lo llena. Y son uno porque han alcanzado un estado en el que son completamente iguales y existen en adhesión.

 

La igualdad y la adhesión entre el Creador y la creación es la única forma en la que existen. Cada criatura revela gradualmente esta forma una vez que el deseo de revelarla despierta en su interior.

 

Al revelarnos el vacío de nuestro estado actual y de los asuntos de este mundo, el Creador nos lleva gradualmente a una sensación de vacío, falta de propósito y falta de sentido de nuestra vida.

 

Al mismo tiempo, despierta en nosotros el comienzo de un Kli espiritual, la semilla del reconocimiento del mal. Mi estado es miserable no porque sea insípido, sino porque carezco de adhesión al Creador.

 

Me doy cuenta de esto poco a poco. Al principio, no entiendo en absoluto lo que necesito, como un niño que no sabe por qué llora. Pero poco a poco los detalles emergen, se vuelven más claros, aparecen dentro de mí y empiezo a escuchar algo.

 

Entonces me uno a un grupo, a un maestro, y durante varios años me someto a la influencia de la Luz en diversos estados que experimento junto con el maestro, los libros y el grupo. El proceso continúa y me vuelvo un poco más sensible para reconocer el mal. Y el mal reside en el hecho de que no quiero conectarme con los libros, el maestro y el grupo. Cuando empiezo a sentir que ese es precisamente mi mal, entonces tomo el camino correcto hacia la corrección.

 

Al mismo tiempo, comprendo que debo unirme a los amigos, recibir el despertar de ellos, adquirir su mente y sus sentimientos, fusionarme con ellos. Me incluyo en ellos, en sus deseos e intenciones dirigidos hacia la meta. Y para esta inclusión, debo atraer la Luz que regresa a la fuente; en otras palabras, necesito estudiar junto con ellos y atraer la Luz.

 

​​Si esto ocurre, acumulo la cantidad y calidad de esfuerzo necesarias y llego a la corrección de mis vasijas.

 

Naturalmente, este proceso consiste en toda una serie de acciones. No puedo soportar grandes correcciones o grandes saltos de una sola vez. Por lo tanto, hay muchos grados, divididos en pasos y subpasos a través de los cuales alcanzo el estado del que se dice: «Israel, la Torá y el Creador son uno». Yo ya existo en este estado, pero se revela dentro de mí gradualmente.

 

No podíamos soportarlo todo a la vez, porque esta unidad es demasiado contraria a nuestra naturaleza.

La fotografía del creador

La espiritualidad solo tiene la forma que tú mismo le das según tus deseos. Desde arriba solo se nos da un registro informativo (Reshimo), y debemos construir la forma nosotros mismos. Desde arriba, desde el grado Superior, también se nos da fuerza y mente para el alcance, pero según nuestra petición.

 

Nos parece que algún mundo ya hecho nos caerá de repente desde arriba. No hay nada que esperar. Yo mismo lo construyo a través de mis esfuerzos. Yo mismo dibujo este mundo contra el fondo de la Luz.

 

Dibujo la imagen de la parte Superior y, en la medida de mis esfuerzos, se vuelve cada vez más real. Hago todo lo que estoy capaz de hacer. Dibujo todo tipo de formas. A veces sale mejor, a veces peor, y a veces cometo errores. Las creo y las borro hasta que lo consigo.

 

Y en el proceso de mi trabajo, ¡de repente veo que el Superior comienza a ayudarme! Se viste dentro de mí como una mano en un guante y trabaja. Me ayuda como una madre que juega con un niño y le ayuda a construir una casa con bloques. Cuando intento hacer algo y no funciona, de repente siento que es Él quien me ayuda a comprender que no debe ser así, sino al contrario.

 

Pero todo esto es gracias a mis esfuerzos, porque intenté construir algo. Y Él también despierta el comienzo de este esfuerzo dentro de mí, pero yo mismo debo continuarlo, encontrar su brote y comenzar a trabajar a partir de él. Esto es lo que se llama: «Yo, el Creador, soy el primero y el último».

 

Nosotros mismos debemos construir la conexión entre nosotros, esta «casa», el lugar donde se revelará el Creador, la «imagen del Creador», utilizando nuestro propio material. Sin esto, Él no tiene imagen alguna. Yo lo proyecto sobre mí mismo, sobre mis deseos, sobre esa parte que puedo hacer similar a Él.

 

Y sobre este deseo, como sobre un fundamento, como sobre una pantalla (y en espiritualidad se le llama efectivamente pantalla), comienzo a ver Su imagen. Comienza a aparecer en esta pantalla como una fotografía sumergida en una solución reveladora. Esta imagen que se manifiesta en mi pantalla se llama Luz retornante. Y así recibo dos fuerzas espirituales: la pantalla y la Luz retornante.

 

Todo esto debe provenir de mí mismo. Por eso se requiere el tiempo necesario de preparación para entrar en el mundo espiritual, «de tres a cinco años». El tiempo de ocultación es el tiempo de mis intentos por construir esta imagen. Y después se revela el mundo espiritual; y lo que resulta ser en realidad es difícil de imaginar para nosotros.

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