En el curso del desarrollo de la humanidad, el deseo de recibir crece en cada persona, y estas sufren cada vez más hasta llegar a un estado en el que simplemente deben revelar la causa de su sufrimiento, pero son incapaces de hacerlo. Intentan evitar el sufrimiento, pero no pueden. Tanto el sufrimiento interno como el externo llegan metódicamente, los rodean por todos lados, pero todo ello se dirige hacia su causa, hacia el Creador, para que la persona encuentre esta causa.
Si una persona supiera cómo lidiar con el sufrimiento, por ejemplo, mediante acciones correctas, alcanzaría el placer o estados positivos; y si cometiera malas acciones, recibiría castigos. Entonces se revelarían la recompensa y el castigo, y aprendería a distinguir lo que es beneficioso y lo que no lo es, y no necesitaría nada más.
Puesto que nuestra esencia misma es el deseo de recibir, si supiéramos cómo satisfacerlo mediante ciertas acciones, eso nos bastaría. Nunca preguntaríamos por nada más, porque una persona solo pregunta por lo que le concierne, según los deseos de su corazón.
Pero el gobierno del Creador está oculto, y no se revela a una persona en nuestro mundo hasta que cruza el Majsom. Es precisamente este ocultamiento lo que le ayuda a alcanzar la causa: aquel que le envía todas las situaciones de la vida porque desarrolla un gran deseo de saber por qué le está sucediendo esto, no cómo liberarse del sufrimiento, sino de dónde proviene y con qué propósito.
Así, llega al Creador y comienza a revelar Su grandeza. Entonces, la importancia de la grandeza del Creador y la «recompensa y el castigo» cambian de lugar para él. Comienza a comprender que la recompensa y el castigo no son lo que importa; lo principal es estar en conexión con el Creador.
De esta manera, él se incluye en el Creador dentro de la causa, quiere fusionarse con ella, y en la medida en que lo hace, se forman vasijas de otorgamiento dentro de él. Esto se llama cruzar el Majsom.
Descubre Dos vías para llegar al Majsom
Devolver la deuda al Creador
Pregunta:
El hecho de que me aferre al grupo no es mi elección. De que me sienta aquí, escuche, lea, y discuta tampoco es mi elección. ¿Dónde está la libertad de elección?
Respuesta:
No viniste aquí por tu propia voluntad. Cada uno de nosotros ya ve que no aparecimos aquí por casualidad, lo que significa que el Creador nos trajo. En general, la idea de venir, escuchar, y sentarme no proviene de mí. Todo sucedió de alguna manera, de repente, casi inconscientemente. Está claro que durante los primeros meses vine y me senté aquí, funcionando con el combustible recibido del Creador.
Los esfuerzos comienzan con descensos. Así como el Creador me dio un impulso y me trajo a este lugar, atrayéndola con “caramelos” para hacerme sentir como si pudiera endulzar mi vida aquí, ahora me lo está quitando. Para permanecer, aguantar y fortalecerme aún más, necesito hacer grandes esfuerzos.
La ley espiritual inmutable dice: «Me has tomado prestado y yo lo estoy cobrando». El Creador te da fuerza, dirección y te brinda una oportunidad, pero más tarde tendrás que pagar por ello. De lo contrario, es imposible. ¿Cómo podré elevarme a un grado más alto si no estoy familiarizado con él, si no tengo suficiente fuerza para ello y no tengo conexión con él?
Pensamos que en la espiritualidad todo es como en este mundo: tengo fuerza, deseos, puedo ver lo que voy a adquirir, hago cálculos, analizó, aclaró, compruebo, indago; en absoluto, todo es diferente en la espiritualidad. El grado Superior está separado de ti, no lo sientes, te resulta incomprensible. E incluso si revelas algo en él, descubres que es absolutamente opuesto a ti.
Por lo tanto, la ley es simple: «Me has tomado prestado y yo lo estoy cobrando». Es decir, se te da la oportunidad, todo te es dado desde Arriba, y más tarde tendrás que devolverlo; por lo tanto, los esfuerzos consisten en fortalecerse en la dirección que indica el Creador.
La inclusión en el sistema es la recompensa
Pregunta:
¿Hay alguna recompensa que corresponda al esfuerzo realizado?
Respuesta:
En la espiritualidad, los esfuerzos se recompensan, pero no de la misma manera que es habitual en nuestro mundo, donde exijo más por menos esfuerzo y el jefe ofrece menos salario por más esfuerzo. Y así regateamos, negociamos y llegamos a un acuerdo.
En la espiritualidad, trabajo contra la luz Superior. En la medida en que me vuelvo similar a la Luz, esta entra en mí, y esa es la recompensa. Aquí no hay regateos y no puede haber decisiones, acciones o consecuencias correctas o incorrectas. Todo está en orden dentro de las leyes de la naturaleza.
Pregunta:
Entonces, ¿cómo puedo entender la contradicción «esfuerzos realizados y encontrados»?
Respuesta:
Significa que de antemano no sé exactamente la Luz que recibiré porque nunca la he sentido. El logro que revelaré es un secreto para mí ahora. Sé lo que será, pero no puedo decir exactamente qué o cómo porque aún no estoy listo. No tengo ningún «medio» con el que pueda recibir esta información, esta sensación y decir «¡esto es hacia lo que me dirijo!».
Sé que me dirijo hacia mi siguiente peldaño más alto de otorgamiento, la conexión de todo el sistema, que se llama amor. El amor es dependencia dentro del sistema.
Si cualquier sistema que creamos (por ejemplo, condensadores, resistencias, bobinas, etc.) funciona correctamente, entonces decimos que existe en amor con otro, lo que significa en completa comprensión del programa mutuo, la conexión. Aquí ocurre lo mismo.
Pregunta:
¿Significa eso que debo esforzarme por anularme a mí mismo y pensar en los demás?
Respuesta:
La autoanulación es necesaria; de lo contrario, no seré incluido en el sistema.
Comentario:
Pero no sé cuándo recibiré una recompensa por ello.
Mi Respuesta:
La inclusión en el sistema es la recompensa. Imagina que hay un sistema completamente interconectado en el que todo ocurre en modo analógico vivo. Si me incluyo en él, existire en él. Mi existencia en él es mi recompensa.
Si aún no existo en él, tengo que trabajar en mí mismo para conectarme a él y estar integralmente conectado con él. Este es mi trabajo.
Pregunta:
Digamos que he hecho un esfuerzo. ¿Cuándo me conectaré al sistema? ¿Seguirá siendo un secreto para mí?
Respuesta:
Es imposible decirlo porque ni siquiera sé qué más tengo que completar para integrarme totalmente en este sistema. De todos los condensadores, resistencias, bobinas y miles de otros elementos, no sé exactamente qué tengo que cambiar en mí para conectarme a ellos. Simplemente tengo que anularme para que puedan formatearme y adaptarme a ellos.
En esencia, nuestra tarea se reduce a la anulación de mi «yo». Dejar que el resto del esquema, ya sea electrónico o humano, no importa cuál, me adapte a sí mismo. Simplemente me entrego a él. Esta es la condición de la primera restricción. (Tzimtzum Álef).
Hacia la unidad Cruzando hacia el interior del mundo espiritual

