Una persona actúa por costumbre, y solo siente y acepta aquello a lo que está acostumbrada. Todo lo desconocido nos pasa de largo y sigue siendo elusivo.
Inconscientemente, descartamos todo lo nuevo antes de percibirlo o de ser conscientes de ello. ¡Por eso nos resulta tan difícil encontrarnos con la espiritualidad!
Vivimos en un mundo que seleccionamos del mundo del infinito; elegimos lo familiar y lo habitual.
Para ampliar nuestro mundo con el mundo del otorgamiento, no debemos rechazarlo, sino aceptar los estados del otorgamiento a través de la “fe por encima de la razón”, aceptar las propiedades, los deseos, los pensamientos y las acciones del “antimundo”.
Para ello, debes combinar dos niveles opuestos dentro de ti mismo: tomar conciencia de tu estado egoísta actual, el grado inferior y desde la perspectiva de la propiedad del otorgamiento, el grado más elevado.
Hay que situarse entre estos niveles, regocijarse en la sensación de vacío del nivel inferior y en la oportunidad de encontrar la fuerza para elevarse por encima de él.
Esta fuerza me llega desde la luz Superior a través del grupo; me mantiene por encima de la «tierra» como si fuera un imán.
La verdad y la fe (la entrega) deberían empujarme hacia arriba con más fuerza que la sensación de egoísmo animal que me arrastra hacia abajo, hacia la “tierra”.
El estado verdadero reside en percibir ambos grados simultáneamente, mientras que cada uno de ellos por separado es una mentira. Incluso si me encontrara por completo en la espiritualidad, eso por sí solo sería una mentira.
El estado verdadero siempre se encuentra entre dos grados que aportan simultáneamente una sensación tanto de perfección como de carencia, de gratitud y de plegaria.