No sé qué se me revelará por encima de la razón. Por ahora, simplemente continúo en el camino.
Se me dice que, después de que me agote completamente y desespere de mi propia fuerza y después de pensar: “Si no soy para mí, ¿quién será para mí?”, entonces mereceré el derecho de dirigirme a Él con un clamor pidiendo ayuda. No me quedará nada más por hacer, pues es así como se despierta una plegaria genuina en la Cabalá.
El Creador ya no me deja ninguna esperanza de que aún pueda intentar algo por mi cuenta y así alcanzar la meta deseada. Solo queda en mí una cosa: un gran deseo de alcanzarla sin absolutamente ningún medio para hacerlo, y entonces clamo.
Clamo porque no veo ninguna posibilidad de avanzar. No me quedan oportunidades; no se me da ninguna posibilidad.
Este no es un clamor ordinario nacido de la desesperación en la vida. En términos cabalísticos, para entender cómo alcanzar la espiritualidad, es el momento en que la persona se da cuenta de que ningún esfuerzo dentro del deseo egoísta de recibir puede llevarlo a la meta. Todos los cálculos personales, fuerzas, conocimientos y estrategias se han agotado.
Solo entonces puede surgir una plegaria genuina, no una petición de llenado, sino una petición de ayuda a una fuerza que está por encima de la propia naturaleza.
La paradoja es que este estado no se considera un descenso, sino más bien una preparación para el ascenso. Mientras la persona aún crea que puede alcanzar la espiritualidad por sus propias fuerzas, todavía no ha llegado a una verdadera necesidad del Creador. Cuando todo otro apoyo desaparece, la carencia se vuelve completa, y de esa carencia completa nace el clamor real.