Solo se puede hablar de trabajo cuando existe un lugar para realizarlo. ¿Sobre qué se puede trabajar? Para entender cómo surgió la creación, debemos saber que lo único que existe en toda la creación es el deseo de recibir. ¿Cómo creó el Creador ese deseo? Mediante el hecho de apartarse de él, dejando como resultado un espacio vacío. Este es el deseo de sentir la presencia del Creador. Este es el primer Kli (vasija).
Por supuesto, este Kli aún no posee independencia alguna, sino únicamente una necesidad (Jisarón) de la presencia del Creador. El Creador es la totalidad de la naturaleza, y el Kli es su copia, el Jisarón de esa naturaleza. ¿Y entonces? Al fin y al cabo, todavía no existe una creación propiamente dicha, ya que la creación es algo independiente, algo que actúa fuera del programa del Creador, fuera de Su deseo.
¿Qué significa «fuera»? En oposición al Creador, en contraposición a Él. ¿Cómo puede este deseo —creado gracias a la presencia del Creador, siendo Su impronta, careciendo absolutamente de independencia y sin sentir en su interior nada separado de Él— adquirir una cualidad independiente de Él?
Ante esto, la pregunta es: si desde el principio existe una única fuerza, un único deseo, ¿Cómo puede surgir de él otro deseo completamente separado? Parecería lógico que existiera alguna conexión, acompañada de control, observación y guía. Pero, en tal caso, ¿Cómo podemos llamar «creación» a algo que en cierta etapa se separó del Creador, si inicialmente no existía?
Para ello, el Creador estableció un estado en el que coexisten dos cualidades: la suya y la cualidad opuesta a Él. De la comparación entre estas dos cualidades surgió la creación. La creación es el resultado de la sensación del Creador y de la ausencia de dicha sensación. La actitud hacia la presencia del Creador, basada en la diferencia entre «sentir» y «no sentir» al Creador: eso es la creación.
Las tres condiciones para definir la creación: Kli, Luz y Pantalla
A la creación se la denomina «pantalla» (Masaj) e «intención», y, por supuesto, se formó a partir del Jisarón. Pero este Jisarón debe ser especial: la falta de sensación de la presencia del Creador evoluciona hasta convertirse en la necesidad de sentir al Creador y desemboca en el deseo de establecer una relación con el Creador mismo.
Saber más Una vasija para la luz de vida
Aquí hay tres parámetros: el Creador, el placer y aquello que establece la relación entre ambos. Todo esto se denomina Kli (vasija), luz y la pantalla situada entre ellos. Solo podemos hablar de la existencia de la creación cuando contamos con estos tres parámetros; si falta alguno de ellos, el concepto de «creación» no puede existir.
Así pues, todo depende del deseo dirigido hacia la presencia del Creador, de la relación entre estas dos entidades diametralmente opuestas. La persona es un Kli preparatorio —o, más exactamente, aún no es un Kli, sino quien debe llegar a serlo, a convertirse en una creación—. Y si en su interior no comienza a formarse el deseo correcto —es decir, el deseo de la presencia del Creador—, entonces no podrá empezar a definir, en su trabajo, la intención: bajo qué forma está dispuesto a aceptar y concordar con su presencia.
El grado denominado «Este mundo»y la corrección espiritual.
Comentario:
Tomémonos un mes libre, reunámonos, aislemonos en la naturaleza y estudiemos El Estudio de las Diez Sefirot cada día durante diez horas, El Libro del Zóhar durante seis horas, y hablemos únicamente de lo que está escrito en los libros para que podamos atraer cada día más y más Luz.
Mi Respuesta:
Ante esta inquietud, cabe preguntarnos:¿Por qué no deberíamos probar este enfoque: escapar de este mundo por un tiempo, aunque no para siempre?
Por cierto, «no para siempre» ya implica cierta imperfección. Al fin y al cabo, si hablamos de algo bueno, algo que conduce al crecimiento espiritual, entonces simplemente deberías hacerlo. ¿Por qué comprometerse?
Dices que deberíamos retirarnos para recuperar fuerzas, encontrar el camino correcto, afianzarnos en él y, a continuación, llevar a este mundo al estado que ya hemos alcanzado. Abandonemos este mundo agitado, crucemos el Majsom y, después, regresemos a este mundo y comencemos a atraerlo hacia el mundo espiritual.
Por qué no debemos huir del mundo físico
El problema es que esta pregunta surge de no darse cuenta de que el estado en el que nos encontramos ahora es, en sí mismo, el grado denominado «este mundo». Es el grado más bajo, el más pequeño y el más oscuro. Sin embargo, no es más que uno entre muchos grados. ¿Cómo puedo abandonarlo si no trabajo con lo que existe en él?
Me he visto inmerso en unas condiciones del entorno específicas que son, en esencia, un reflejo exterior de mis propias cualidades. Veo el mundo que me rodea según cómo estoy organizado internamente. Si organizara estas cualidades de otra manera en mi interior, entonces, en lugar de «este mundo», vería el mundo espiritual, que sustituiría la imagen de este mundo como un grado inferior, como un nivel de percepción más bajo en comparación con el que se ha construido por encima de él.
Entonces, ¿Cómo puedo liberarme de «este mundo» si todo lo que existe en él ahora no es más que mis propias cualidades corruptas? Sin corregirlas, no puedo ascender a un nivel Superior. ¿Cómo puedo huir de eso?
Continuar leyendo ¿Necesitamos el mundo físico?
Uno puede llevar a cabo ciertas acciones que parecen separarlo de este mundo con el fin de fortalecerse un poco. Sin embargo, después, debo volver al grado original para volver a conectar con él, recibir cada vez más Aviut (la profundidad del deseo de recibir) y seguir corrigiendo este deseo mediante el estudio de él y seguir estudiando con este Aviut adicional, con el deseo de purificarlo.
Después vuelvo de nuevo al trabajo, con mi familia, paso tiempo con mis hijos y mi mujer, y me ocupo de todas las preocupaciones externas de la vida cotidiana. Después eso, vuelvo de nuevo a estudiar durante varias horas para corregir lo que he asimilado del entorno que me rodea.
Pero si no asimilo estas cosas que constituyen mi Aviut con el fin de corregirlas, ¿Por qué debería estudiar? ¿Por qué debería llegar a la corrección? ¿En qué se supone que debe influir y corregir la Luz circundante? Si ya fuera puro, ¿A qué se adheriría la Luz circundante? ¿Sobre qué tendría que actuar?.
Por lo tanto, no nos queda más remedio que sumergirnos una y otra vez en «este mundo», corregirlo, volver a sumergirnos en él y, una vez más, corregir los deseos que hemos absorbido de él.
Los tres estados del trabajo espiritual diario
Por lo tanto, nuestro trabajo se compone, en general, de tres estados principales:
- Este mundo, con todo el «lavado de cerebro» que me impone constantemente.
- Entonces acudo al grupo, deseando que sea él, y no la sociedad exterior, quien me «lave el cerebro» y, de ese modo, me ayude.
- Por último, con el Aviut que he adquirido de la sociedad exterior, y con el deseo que he recibido del grupo de liberarme de él, es decir, de purificarlo, comienzo el estudio.
Al final, tenemos tres estados o, mejor dicho, tres medios. A partir de ellos, construimos nuestra rutina diaria. El hecho de que te sientes aquí durante varias horas es tu forma de alejarte del mal para poder estudiar la Torá en un lugar tranquilo.

