Para tener éxito en nuestros intentos de tratar diversos problemas médicos y ralentizar drásticamente los procesos de envejecimiento humano, es claramente necesario entender los lenguajes por los que las células se comunican entre sí. Lo hemos conseguido, hasta cierto punto. Parece que los lenguajes que buscábamos están, de hecho, escondidos en el 98% del ADN “basura” que contiene nuestro propio aparato genético (P.P. Gariaev et al).
Pregunta: Es difícil imaginar que la principal estructura informativa de un humano, su genoma, sea casi al 100% “basura egoísta” cuya preocupación es solo su conservación en nuestros cromosomas y no hace nada útil. ¿Qué es en realidad nuestro genoma?
Respuesta: En esencia, esta es la forma en que percibimos nuestro genoma porque nosotros mismos somos egoístas y en realidad somos esta “basura”. Es decir, la “basura” percibe la “basura”.
El problema es que no somos capaces de leerlo de otra manera, ya que investigamos a una persona en el enfoque directo y egoísta. Este es nuestro aparato conceptual, la forma de nuestra investigación, y cómo estamos construidos por dentro.
Una persona representa un deseo de recibir placer y existe en este deseo. Todo lo que percibe y mira lo percibe dentro de sí mismo, en sus formas, deseos, pensamientos y sentimientos egoístas.
Según esto, todo lo que investiga pasa por este tipo de filtro. Significa que todo lo percibo a través de mi filtro egoísta y no importa si estudio el genoma o ciertos macro objetos. Lo único que percibo es si algo es o no beneficioso o perjudicial, para mi egoísmo.
Hay una multitud de componentes diversos y muchas formas de la materia investigada en el espacio circundante: macro o micro, inanimado, vegetativo, animado, biológico, o incluso lo interno, moral, sensorial o espiritual. Todo lo que investigo, lo miro a través de mi filtro egoísta y no veo todo lo demás.
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