La Cabalá sobre la educación
La Cabalá acude al rescate de la crisis educativa y parental actual
Los niños siempre querrán ser como los adultos. Así que, si queremos que se comporten de otra manera, primero debemos aprender a hacerlo nosotros.
Desde los primeros días de vida de un niño intentamos enseñarle el arte de la comunicación. Queremos que los niños «jueguen bonito», por eso les organizamos fiestas y cumpleaños. Nos preocupa cómo aprovechar al máximo su tiempo libre, y gastamos considerables recursos en juegos educativos y manuales de formación para ellos. Nos alegramos cuando otros adultos pueden apreciar la inteligencia y los buenos modales de nuestros hijos. Pero a menudo olvidamos que casi todos los días, mientras los niños están en la escuela, tienen que examinarse «para sobrevivir» entre sus compañeros.
Los adultos siempre están dispuestos a encontrar a los niños a medio camino, a perdonarlos y compadecerlos, mientras que en sus relaciones ellos tienen que luchar a «sangre y fuego» por sus derechos: exigir y ceder, atacar y defenderse, acostumbrarse a la hostilidad de sus compañeros hacia ellos. Y a pesar de los esfuerzos que dedicamos a crear un oasis para la felicidad y prosperidad del niño, su vida real transcurre fuera de nuestra casa.
Allí, en el gran mundo, un niño tiene que aprender enseguida a jugar según reglas diferentes. Puede ver que el éxito y la prosperidad se ganan con la mentira, las intrigas y la fuerza bruta. Pero estas reglas las hemos escrito nosotros mismos. Sin darnos cuenta, acostumbramos a los niños a una política de doble rasero. Todos los padres tienen más o menos los mismos pensamientos: «Estoy dispuesto a hacer todo para que a mis hijos les vaya bien. Y no solo que les vaya bien, sino mejor que a los demás».
Con este pensamiento de «mejor que los demás» estamos cerrando lenta pero constantemente la rama en la que nos sentamos. Al principio, los niños adoptan las reglas del juego inconscientemente y luego conscientemente. El mundo está dividido en «nosotros» y «ellos» y si «ellos» se interponen en nuestros intereses, se convierten inmediatamente en «fuera de la ley». Fuera de nuestra ley. Ni se tiene que decir, que podemos ver los desastrosos resultados de tal perspectiva en la vida cotidiana.
¿Existe una alternativa? La Cabalá sostiene que si existe, y que de este modo se tendrán en cuenta los intereses de todos. Esto significa que independientemente de la afiliación a un determinado grupo de personas por motivos sociales, nacionales, religiosos o de otro tipo, toda persona tiene garantizado el respeto de sus intereses vitales. Esto se convertirá no solo en la letra de la ley, escrita en la constitución, sino también en la aspiración interior de la mayoría de la gente.
Esto es posible siempre que todos sin excepción sigan la regla «todo lo que odies, no se lo hagas a tu amigo». Simplemente cumpliendo esta regla, la vida cambiaría literalmente, a mejor, ante nuestros ojos.
¿Y los niños? Los niños siempre querrán ser como los adultos. Si nosotros, los adultos, empezamos a comportarnos de otra manera, los niños nos imitarán inmediatamente. En los jardines de infancia, en las escuelas y en la calle, aparecerán nuevos juegos en los que los niños aprenderán unos de otros a vivir en un mundo de bien. Por tanto, lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es empezar por educarnos a nosotros mismos.

