Aunque sólo la fase cuatro se restringió, la luz también dejó las primeras tres fases (Baal HaSulam, El Estudio de las Diez Sefirot, Parte 1, “Observación interna,” Capítulo 7).
La última, la cuarta fase, es el deseo mismo, al que se llegó por la expansión de las primeras tres fases. El deseo no quería ser egoísta ni diferente a la forma de la primera fase, estar en oposición directa; por consiguiente, se restringió a sí mismo y la luz desapareció de él.
Luego tomó como base, un desarrollo diferente de luz. Recibirá la luz, pero sólo con el fin de traer contento al Creador. Aquí, por un lado, recibe la oposición del Creador; y por el otro lado, la semejanza con Él.